La realidad en los cuentos de fantasía

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Alguna vez con mi colectivo de Narración Oral Palabraristas, nos ganamos unos fondos del estado por un proyecto de contar historias en cárceles y en colegios con niños en riesgo social.
Ya hablaré de las cárceles pero en los colegios donde los niños eran de estratos socio económicos bajos con padres de escasa cultura, donde la mamá seguramente vendía cualquier cosa, incluso su cuerpo por algunas monedas y el padre era ladrón o narcotraficante de segunda línea, lo complicado era la asistencia a clases. La razón no era que nosotros fuésemos muy aburridos sino que la asistencia a los colegios era mala con o sin nosotros de por medio, lo que producía que para tener una audiencia razonable en número y aprovechar la actividad al máximo, nuestro público fuese de niveles etarios completamente dispares.
Es bien sabido que uno de los pilares fundamentales de la narración es elegir la historia adecuada en función del público al cual se quiere llegar.
Difícil tarea cuando entre los oyentes hay niños de 5 años, adolescentes de 17 y adultos.
Pero salimos con bien.
El proyecto eran 2 visitas por lugar.
Unas profesoras sobresalientes en su iniciativa motivadora, le pidieron a sus alumnos, los más pequeños del colegio, que escribieran un cuento en 4 partes; título...había una vez...entonces...y al final.
Aun no sabían escribir, por lo que mientras dibujaban se lo contaban a su profesora y ella lo iba escribiendo a pie de página.
Una de las historias que me llamó profundamente la atención fue:

"La princesa triste"
Había una vez una niña que le gustaba ir a jugar al bosque.
Entonces un día que no volvió a la casa porque se perdió, la familia salió a buscarla.
Y al final como no la encontraron, todos se tiraron al río y se mataron.

No son las palabras exactas pero el fondo del relato no se me va a olvidar jamás, sobre todo porque no era la única historia en el mismo tenor pero sin duda la más directa en lo que a sentimiento puede provocar.
5 años, edad, cuando la imaginación infinita debería ser la única realidad de los niños y esas eran las ideas de muerte de una niña triste y sin esperanza de futuro.
No pude dejar de pensar en la niña acostada en su cama abrazando a sus dos hermanos menores mientras su padre borracho golpeaba a su madre temiendo el momento en que la pelea terminara con un portazo y la venganza de desahogo contra ella por ser la mayor.
Que terrible.
¿Qué podía hacer?
Nada.
Siempre se puede hacer algo.
La cultura y el abrirle los ojos a los niños para saber que otra realidad es posible es responsabilidad ineludible de los narradores orales. La narración, aunque lo debe tener para atraer a los más pequeños cuyo único norte debería ser el de pasarla bien, no solo debe ser entretenimiento, también debe ser una motivación para descubrir otras realidades.
De niños no hubiésemos cabalgado sobre un palo si no hubiésemos conocido historias de vaqueros en el lejano oeste ni nos hubiésemos pintado bigotes de pirata con un corcho quemado de no haber escuchado sobre las aventuras de valientes capitanes.
La narración no solo debe ser transmisión sino motivación.
¡¡¡Al abordaje!!!

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