Invasión pirata

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Desde un tiempo a esta parte mi ciudad ha sido invadida por múltiples artículos de marcas reconocidamente caras. No es que me ande fijando en las etiquetas, esas que antes se ocultaban por ejemplo, en la parte interna de la ropa pero que hoy son cada vez más grandes en su afán exhibicionista.
Espero no ser calificado de clasista pero es evidente que muchos de quienes llevan lentes Yves Saint Laurent o se abrigan con chaquetas North Face, tendrían que destinar un porcentaje importante de sus ingresos para adquirir ese artículo que según ellos les brinda estatus, un reconocimiento social por tener la capacidad económica para comprarlo.
Pero siendo sinceros, no se debe ser muy inteligente para darse cuenta que en la etiqueta sólo falta un marinero con parche en el ojo y un loro cotorreando a los 4 vientos su condición de pirata.
El afán aspiracional instalado en la sociedad contemporánea, por lo demás muy legítimo y necesario para el constante progreso de la humanidad, se ha visto tergiversado ya que hoy en día se demuestra quien se es por lo que se puede comprar y no por lo que se puede hacer.
En una especie de manifiesto libertario no escrito, la mayoría reniega de los uniformes; jamás vestirían uno, sin darse cuenta que los más rebeldes son los más uniformados de piratas.
Pero lo barato cuesta caro y al poco tiempo de comprada, las plumas de la parca comienzan a volar y los lentes parecen cuaderno de niño aprendiendo caligrafía por la cantidad de líneas sobre los vidrios.
Parecer para ser es más fácil que hacer para ser, con el agravante que la calidad pirata es desechable y el pretendido beneficio social obtenido al lucir la marca, dura menos que un suspiro.
Sólo el esfuerzo en pos de un logro tiene retribuciones duraderas.
No me refiero a un esfuerzo sufrido auto flagelante por conseguir imposibles sino al maravilloso proceso de pensar, planificar, soñar, hacer, equivocarse, re comenzar y al final lograrlo.
Muchos, convencidos por la publicidad seductora, piensan que al comprar artículos de marcas lujosas y por lo tanto caras, aunque sean copias de mala calidad hechas en China, el bienestar viene asociado a la etiqueta, sin darse cuenta del placebo cortoplacista que les brindará una retribución desechable, capaz de aplacar hasta su extinción todo impulso de superación vía el uso de la creatividad.
Hagamos para ser sin pretender parecer y el reconocimiento llegará sin que lo busquemos.
Creamos en nosotros mismos y sabiendo donde estamos parados, juguemos a ser piratas embarcados en poderosos navíos armados de la voluntad creadora hasta descubrir el más grande tesoro jamás encontrado y no nos creamos almirantes sobre débiles botecitos de marcas que no son a punto de zozobrar.
Ah, y no olvidemos al loro parlanchín sobre el hombro quien de vez en cuando nos recordará con su destemplado chillido que siempre debemos jugar.
¿Del parche en el ojo? cada uno sabrá si usarlo para ver una verdad a medias o sacárselo para ampliar así su horizonte de posibilidades.

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