Público adverso

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Alguna vez he comentado que mi deporte y mi absoluta pasión es el parapente desde hace ya más de 22 años, por lo que he visto de todo, de lo bueno y de lo malo también. Desde grandes logros y felicidades hasta la muerte. Si algo he aprendido es que cualquier anécdota (risas), incidente (heridas leves) o accidente (hospital e incluso la muerte) en el 99,9% de los casos es responsabilidad del piloto. No lo digo de manera acusativa sino desde la experiencia ya que alguna vez tuve un grave accidente y fue mi responsabilidad.
No existen los vientos raros, simplemente no se supo predecir las condiciones climatológicas o leer de manera adecuada el comportamiento del viento en el relieve.
El parapente no se rompe, simplemente al momento de empacarlo no se verifico su estado.
El piloto hizo lo que pudo pero no logró controlar la situación tampoco es necesariamente verdad. Puede que ese día el piloto no haya estado en óptimas condiciones antes de despegar.
Creo que sucede algo similar con quienes se dedican al hermoso arte de narrar historias y a este aprendiz de brujo también.
El éxito o fracaso de una presentación en el 99,9% de los casos será de exclusiva responsabilidad del narrador.
Hasta el público más adverso se puede transformar en cómplice de una historia si se tienen los medios necesarios ya sea de repertorio, herramientas narrativas, presencia escénica u otros.
Siempre existirá ese 0,1% incontrolable pero se puede anular si realmente se tienen las herramientas que solo da la practica continua.
Quien no tenga la flexibilidad necesaria como para adaptarse a las situaciones adversas deberá trabajar ese aspecto por sobre otros.
Se suponía que el público era adulto y se armó un espectáculo basado en un repertorio un tanto picaresco y al llegar al lugar de la presentación nos encontramos con escolares deseosos de escuchar como la caperucita roja junto a su abuelita escaparon del lobo. Es evidente que todo lo ensayado debe rápidamente abandonarse y echar mano al amplio repertorio que se maneja para salir airoso de la situación.
Al tener un amplio y variado repertorio, adaptarnos al público es más fácil. Incluso dentro de la misma línea de historias, es nuestro deber saber detectar hacia donde se inclina la balanza para irnos en esa línea.
Puede que alguien del público no demuestre ningún interés en nuestro relato y se dedique a conversar en un volumen perturbador. Deberemos saber cómo integrarlo a la historia y hacerlo participe para que sienta que el éxito de la presentación depende de él y haga un esfuerzo por terminar con éxito.
Si por algún motivo perdemos el hilo del relato, la improvisación es fundamental para que nuestro olvido pase desapercibido. No debemos olvidar que lo más probable es que el relato lo sepamos solo nosotros y si nosotros no lo hacemos evidente, nadie se va a dar cuenta de nuestro error.
Así como existen mejores lugares que otros para volar, de igual manera existen mejores escenarios que otros para contar historias pero teniendo claro que el escenario no son las luces, la iluminación, el tamaño o la cantidad de público sino el ambiente que gracias a nuestros recursos podamos lograr.
Si sabemos evaluar las condiciones nuestro vuelo y nuestro relato serán los mejores. De lo contrario el accidente, fracaso, puede ser grande.
Aunque siempre existirá ese 0,1% de factores imposibles de controlar, con el mayor conocimiento y entrenamiento posibles vamos a disfrutar del vuelo siendo los pilotos de historias por compartir.

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