Cuidemos nuestros oficios

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Sea cual sea su ocupación estoy seguro de que me encontrará razón en lo siguiente: uno sabe hacer lo que tiene que hacer o no sabe hacer lo que tiene que hacer.
No hay más, se está en la categoría de aprendiz o ya se domina el área en que uno se desenvuelve.
Como dice el refrán, nadie nace sabiendo, y es por ello que se le debe dedicar muchas horas de estudio, de análisis, de aprendizaje, de dedicación y de compromiso a todo aquello que uno quiera emprender.
Los resultados no llegan por sí solos ni tampoco por milagro.
Hay cursos, hay talleres, hay seminarios, hay maestros a quienes recurrir.
El avance de la tecnología pone la información al alcance de todos, haciendo posible encontrar con facilidad en internet libros, tutoriales, videos, audios y todo tipo de datos en cualquier área de la que quiera Ud. aprender.
Un claro ejemplo esel keniata Julius Yego quien comenzara a sus tiernos diez años a fabricarse sus propias jabalinas y entrenar por su cuenta con lo que tenía al alcance del teclado. Poco a poco progresó y sus avances le hicieron ganarse un lugar en cada una y todas las competencias de la disciplina, de la mano de profesionales especializados que vieron su potencial y le dieron una mano para que perfeccionara su técnica.
En jabalina masculina, en los recientes Juegos Olímpicos de Río, logró un flamante segundo lugar.
Nada mal, ¿verdad?
No hay excusa…
El que quiere perfeccionar su talento (si es que lo tiene) a la larga lo hará.
¿Y si no?
Si no le interesa avanzar dé un paso al lado. Si se niega a llevar su potencial fuera de la zona de confort y a ponerse a prueba, por favor dé un paso al lado.
Ya basta de mediocres.
Las cosas no se hacen por aplauso fácil, por posar para fotos, porque “esto es entretenido”. Motivaciones superficiales y a la larga egoístas que no aportan nada a nadie.
Estudie, rómpase la espalda, dé el 110%.
De lo contrario nos va a perjudicar a todos.
Un payador debe saber hacer décimas, un cuentacuentos debe saber mantener a su público a la expectativa y hacer real la fantasía, un músico debe saber hacer música, un luthier debe saber fabricar instrumentos, un médico debe saber dar salud, un profesor debe saber enseñar y así, suma y sigue.
Y eso no está relacionado con un cartón que certifique que Ud “es” una cosa u otra, simplemente las cosas se hacen bien o se hacen mal, y para hacerlas bien obviamente hay que trabajar.
Si no sabe, aprenda o sea sincero consigo en que no da el ancho. No todos tenemos los mismos talentos y virtudes, tal vez en un área Ud. no se siente cómodo, no la entiende o simplemente por mucho que se esfuerce no logra cumplir el objetivo propuesto por esa arte, disciplina o ciencia.
Siga buscando, pero no se conforme con seguir haciendo mal algo que va a seguir haciendo mal.
¿Por qué? Porque si Ud. es malo o, peor aún, mediocre; va a perjudicar a tod@s aquell@s que si son buenos o excelentes en ese oficio.
Pregúntese y pregunte con sinceridad ¿Sirvo para esto? No se atreva a dárselas de grande si no tiene seguridad en la respuesta a esta pregunta.
No dominar lo básico es una ofensa al cliente, al usuario, público o el nombre situacional que reciba su contraparte.
Respete el oficio, respete el público y respétese a sí mismo.
Cuidemos nuestros oficios.

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