Dylan, premio nobel de literatura

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
Imprimir

Dylan no merece el premio Nobel de literatura, lo dejo claro desde ya. No se lo ha ganado, se lo han dado; con todas las diferencias y sutilezas que ambas expresiones implican.
La decisión de la Academia sueca no se sustenta de ningún otra arista más que la comercial.
¿Cuál es la sorpresa?
¿Por qué tanta defensa a esta mala decisión?
Eso es en realidad lo preocupante.
Desde la justificación que otorga la Academia, ya estamos pésimo: “For having created new poetic expressions within the great American song tradition”. Pongo la cita en el Inglés original, ya que los medios han mal traducido el concepto “American” sustituyéndolo automáticamente por “Estadounidense”, que en realidad sería lo correcto desde un principio.
Eso si que es generoso, América sigue siendo, para todo el mundo, un continente y no un país. Y aún así, en Norteamérica hay otros países más. ¿Mal uso del lenguaje? Curioso, cuando se está entregando un Nobel de literatura.
Siendo honestos y críticos, Robert Allen Zimmermann, con raíces judías y de costumbres muy lejanas a lo que el patriotismo imperialista gringo desea, seguramente habría vendido muchas menos copias de discos que su alter ego Bob Dylan.
No es un poeta tampoco. Algunos le han denominado así, pero en rigor no es poeta. Es algo intermedio, casi un trovador, casi un cantante, un casi en muchas áreas.
En la única que indiscutiblemente no es un casi, es respecto a ser escritor. Posee solamente un libro en prosa, Tarántula, que para muchos especialistas (varios nombres que ayer destruían dicha obra por sus dudosa calidad hoy defienden el que Dylan haya sido el candidato ganador del Nobel, ¿Curioso, no?) ni siquiera alcanza un nivel aceptable y a duras penas se despega, por momentos, de la mediocridad de un aficionado.
Es cierto, que su trabajo dista de lo convencional, que creó una obra cimentada en conceptos dimísiles y logró un todo unificado con luz propia, no deja de ser interesante su propuesta musical tan camaleónica y con capacidad de adaptarse. Influencia definitiva en muchos de sus colegas músicos, y no de cualquiera. The Beatles, The Rolling Stones, Bruce Springsteen han elogiado su forma de pararse en el escenario, su mordacidad, su crítica, su ironía, su antipatía.
Se cita mucho eso, se recurre mucho a ese argumento, siempre musical, para equilibrar la falta de argumentos literarios para entregarle el Nobel. Es cuestionable si sea un buen punto o no, tal vez en algún momento lo habría sido; hoy no.
A Dylan parece habérsele olvidado su discurso, su canción protesta, su postura irreverente ante la autoridad. No es tan extraño, desde hace unos cuarenta años ya, sus letras dejaron de hablar de lo que le hizo distinto y distintivo en un época de revuelo social y político. Viviendo en una mansión, recibiendo honores y vítores de parte de los mismos a los que alguna vez negó.
En mi tierra se cita, se cita, y se vuelve a citar el que Don Nicanor Parra en algún momento dijo que Dylan se merecía el Nobel y el chileno promedio, cita y cita sin darse cuenta que, paradojalmente, Parra se merece el Nobel mucho más.
Quien sabe, tal vez mi compatriota incluso se burlaba, con ese humor tan especial que tiene.
Dylan jubiló a su guitarra de su tarea de matar fascistas hace décadas y ahora recibe medallitas de manos del mismísimo Obama (Premio Nobel de la Paz, 2009), y se ha hecho de cuanta precea se pueda uno imaginar. El Bob Dylan de los 60s es quien las ha recibido, algo así como un reconocimiento a la trayectoria, ya que los medios no se refieren para nada su actividad de principios de los 70s en adelante.
Es un buen músico, es influyente, fue creativo. No es, ni será un literato y ahí es donde uno se cuestiona porque no elegir a un literato de verdad de los varios nombres en que, se especulaba, podría haber recaído el premio.
Ahí es donde uno se cuestiona la razón de que los medios de prensa apoyen a brazo torcido el veredicto de la Academia, que parece tan ilógico e irracional.
Ahí es donde uno se pregunta como somos tan influenciables y nos compramos todo lo que nos dictan.
Ahí es donde uno reflexiona acerca de varias cosas.
A Bob Dylan no le afecta en nada el recibir un Nobel, Dylan no lo necesita.
A la literatura le afecta mucho que Dylan reciba el Nobel, la literatura necesita de buenos exponentes y este desenlace no le favorece para nada; es una clara señal de que en el escribir no existen esperanzas.
No obstante, hoy estoy muy feliz, ya que las probabilidades de que me den el Nobel de Medicina se han incrementado de forma drástica.

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 (2) 2 37 20 12
+57 315 542 73 66

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.