Tránsito lento

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Todos hemos escuchado en más de una oportunidad el concepto de que el lenguaje es un fenómeno de la comunicación en constante cambio. En los últimos años para algunos ha cambiado enriqueciéndose, para otros empobreciéndose y para otros simplemente ha cambiado como siempre lo ha hecho y lo seguirá haciendo.
Nuestros abuelos criaron a nuestros padres muchas veces con una buena palmada capaz de alinearles los chacras eliminando así traumas psicológicos y conflictos emocionales pero hoy es inconcebible golpear a un niño ni siquiera con el pétalo de una rosa. El lenguaje también se ha extremado hasta llegar a niveles políticamente correctos pero a mi juicio, exagerados.
A la estitiquez ahora le dicen transito lento, quienes tengan algún tipo de invalidez ahora son personas con capacidades diferentes, los viejos ahora son de la tercera edad, los antiguos negros norteamericanos ahora son llamados afro americanos y el sacramento católico de la confesión ahora es reconciliación.
Alguna vez con un grupo de narradores nos tocó ir a narrar historias a una biblioteca para no videntes. Dada esta tendencia contemporánea del cuidado extremo en el uso del lenguaje, nuestro mayor problema era el de cómo llamarlos porque decirles ciegos nos parecía una expresión poco delicada, un tanto peyorativa e incluso agresiva.
Lo discutimos largamente entre nosotros sin lograr llegar a consenso. En la presentación se esquivó magistralmente el tema hasta que llegó mi turno. Creo no tener pelos en la lengua, al menos no demasiados, y simplemente le pregunté al público como podíamos llamarlos sin que fuese ofensivo.
La respuesta fue clara y unánime; “llámennos ciegos porque somos ciegos”.
El problema con el uso del lenguaje no era de ellos sino de nosotros.
Dado que la vida es simplemente un equilibrio, este movimiento del lenguaje hacia lo extremadamente correcto, me hace temer que, mientras más se extreme una posición, cuando el péndulo se devuelva su opuesto también se radicalizará para mantener el equilibrio entre extremos, llegando a niveles demasiado hirientes y por lo tanto, nefastos como para una relación inter personal constructiva.
Quienes son los maestros de lo políticamente correcto en el uso del lenguaje, por supuesto son los políticos quienes lo usan como herramienta de trabajo.
¿Cuántas veces hemos escuchado a los honorables en doctas intervenciones llenas de arabescos lingüísticos pero vacíos de contenido real?
Por más bello que sea el envase, de todas formas el contenido debe valer la pena.
Ojala el yogurt sea nutritivo y no solo tenga lindos autoadhesivos.
Sobre todo como consecuencia del meteórico avance tecnológico, el lenguaje contemporáneo ha cambiado en desmedro de las palabras y a favor de emoticones, híper textos y abreviaciones de todo tipo.
La discusión ha sido eterna y lo seguirá siendo; ¿Que es más importante, el correcto uso de un lenguaje ortodoxo o la transmisión efectiva de un mensaje?
A tomar posiciones entonces y que empiece un debate enriquecedor.

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