La batucana

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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En la comuna de Lampa, treinta y siete kilómetros al norponiente de Santiago, capital de Chile, se encuentra el pueblo de Batuco.
Mis referencias del lugar consistían en una pequeña parada en el camino para comer empanadas, cuando viajábamos al sur con un tío.
No me daba una vuelta por allá hará cosa de veinte años, poco más, poco menos.
Eso hasta que recibí la invitación de Batuco en Imágenes, un grupo de jóvenes que está orientando su trabajo a difundir la Historia, leyendas, personajes, poesía y tradición de la comuna.
La forma de trabajar que me propusieron se me planteó como un desafío, suelo armar mi propio repertorio y, en general, tengo libertad de elección en las temáticas a las que hará alusión mi espectáculo.
En esta ocasión fue distinto. Recibí documentos, archivos, anécdotas recogidas por un soprendentemente muy joven Gustavo González Tobar y de una mítica poeta popular chilena; Gricelda Núñez.
Y me fui enterando de las cosas que han pasado en Batuco.
Que se constituyó como poblado urbano cuando se construyó la estación del tren del mismo nombre, Batuco, en el trazado que uniría Santiago y Valparaíso.
Que en sus tierras existió minería de cal, cobre, plata y oro.
También fui enterándome de que la aeronaútica chilena escribió sus primeros capítulos en las tierras de Batuco que no permitían el uso agrícola.
Me sorprendí, cada vez más me sorprendí.
El ejército chileno hizo las prácticas y entrenamientos tácticos previos a la Guerra del Pacífico en esta zona, pruebas de armas (cañones Krupp y ametralladoras Gatling), quedándose allí hasta 1908, cuando un accidente dantesco hizo estallar un polvorín dejando más de una docena de muertos.
La totalidad de los titulares de la prensa nacional de ese entonces incluyeron la palabra Batuco.
Recorrí la Historia del lugar, conocí a personajes que hace bastante tiempo dejaron de existir, reconocí a otros.
Marcela Arce, relacionadora pública y periodista de Batuco en Imágenes, fue una excelenta compañera el en el proceso de crear los guiones de lo que sería el espectáculo, dividido en dos actuaciones. Compartí escenario en una con Felipe Montero y en otra con su hermano, Nicolás; quienes estaban allí en representación de Andrés Montero de la Matrioska; en la actualidad en permanente viaje por América del Sur.
Fue hermoso poder construir un relato de forma colectiva, basado también en comentarios, observaciones y recomendaciones de los mismos lugareños. Algunos, inclusive, familiares de los personajes aludidos.
Del “Titoco” y sus locuras, de Don Pica, el negociante de la zona, de Hermosilla, de Don Miguelito Escárate.
Y también otro personaje, al que incluí por lo idóneo, por constructivo, por su energía y por el cariño y buena disposición que tiene. Tanto para con su pueblo, como conmigo en calidad de colegas en el rubro de la poesía popular, Doña Gricelda Núñez; la Batucana.
Hablar de Batuco es imposible sin mencionarla de uno u otro modo.
Nacida y criada en la zona Doña Gricelda comenzó a escribir e improvisar versos en dictadura, en un período muy complejo, el de la dictadura. Lo hacía y lo hace sin rodeos, en forma directa y punzante, con irreverencia y sin amilanarse ante nada ni nadie.
Múltiples han sido sus oficios: escritora, columnista en varios periódicos, poeta, temporera, vendedora de revistas, artesana, vendedora de tarjetas y actriz, entre otros, con inclusiones en la pantalla grande. En la película La Frontera interpreta el papel de una machi, que recorre todo lugar en un pintoresca citroneta. No obstante, Doña Gricelda es ella siempre, detrás de esa machi, de ese personaje, sigue interpretándose a sí misma, a la Batucana.
Su pluma ha dado fruto, he conocido cinco libros de su autoría de un número total que aún no logro determinar.
Conversar con ella puede llegar a tomar horas, con ese brillo chispeante y esa inquietud constante por saber en que anda la juventud, sus sentimientos, sus anhelos.
Cumplí mi misión; conté, canté, reí y disfruté.
Doña Gricelda me recibió y se despidió de mí con el rostro pleno de felicidad, armando citas para vernos en el futuro y poder compartir la poesía, dándome gracias.
En realidad soy yo quien está agradecido de haber conocido a un personaje tan honesto e íntegro como ella.
 

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