Estatus café

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Hoy por la mañana me impresionó la enorme cantidad de oficinistas haciendo ordenadamente una fila para comprar su vaso de estatus antes de llegar a sus cubículos de trabajo absolutamente desordenados a pesar de las estrictas órdenes de la jefatura.
Quienes ya habían logrado su cometido salían del local con un enorme vaso de papel lleno hasta el tope de café, mezclado con productos varios y por supuesto mucha, mucha azúcar camuflada de sabor gourmet como soporte de una marca publicitada como exitista.
Por el frío, más de alguna de las secretarias empinadas en sus tacos y luciendo unas deliciosas faldas aspiracionales de seguro tenía cistitis pero el medio litro de café se lo compraban sí o sí para no ser menos ante sus respectivos jefes.
Cool.
Sería irresponsable no seguir la tendencia consumista llegada desde el hemisferio norte, el reino donde la ley no escrita es la de "compra y serás una persona reconocida". El exceso de las apariencias llegó para quedarse reinando en gloria y majestad.
De beberse todo el aromático elixir no estoy tan seguro pero de pasearlo con orgullo de meta cumplida, eso es incuestionable. Acunar el vaso entre las manos frías sin duda les daría calor pero la mayor satisfacción sería el hecho de exhibirlo, por lo que jamás cometerían el sin sentido de ocultar la marca.
¿Será posible prescindir de tan excelso brebaje de la vida como para reforzar el auto estima?
Es una alternativa compleja con algunas consecuencias impredecibles. Ya sabemos lo que puede provocar una hamburguesa de un cuarto de libra pero no existen estudios serios referidos a los efectos provocados por la abstinencia de café.
Un ego sin su café matinal podría fácilmente quedar completamente destrozado.
Para un vehículo de lujo el dinero no alcanzaría ni con 20 años de trabajo pero un café, eso es otra cosa; siempre se puede sacrificar un almuerzo nutritivo por un delicioso café.
Como efectos colaterales se asegura más trabajo para ciertos profesionales; los odontólogos se especializarán en futuros blanqueamientos de dientes y para los médicos especialistas en diabetes recetando dosis de insulina como si fueran dulces.
¿Pero y el estatus?
¿Cuál?
¿Para qué?
Bla, bla, bla...
¡Quiero mi café!
Cada uno tiene sus gustos y sabrá los por qué de tal o cual elección pero existe un efecto masa alienante del cual es difícil librarse. Es imposible aislarse de los miles de estímulos que recibimos diariamente tendientes a condicionar nuestras conductas.
Consumir es la consigna y cuando digo consumir no necesariamente me estoy refiriendo a la compra de bienes materiales.
Consumimos política, religión, estilo, canones de belleza, definitivamente, querámoslo o no, somos consumidores.
Tarde o temprano lo intangible de un pensamiento se materializará en compra de aquello que no necesitamos.
Seguiría divagando en temas conocidos por todos pero a esta hora de la mañana necesito un café.
El de la oficina no me gusta así es que voy a tener que bajar a hacer cola para comprar mi medio litro de café aromático.
¡Quiero mi café!

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