Ley del mínimo esfuerzo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Un pájaro subirá lo más alto posible sin batir sus alas, aprovechando al máximo las corrientes ascendentes para luego transformar la altura ganada en más distancia de planeo. A mayor distancia recorrida, tendrá más posibilidades de encontrar alimento.
El Ñandú hembra, se aparea y luego de poner los huevos los deja al cuidado del macho. Como siempre la hembra es sabia y el macho la secunda. En primavera, es frecuente ver en la Patagonia un macho con una decena de polluelos, "charitas", en circunstancias que una hembra pone como máximo 2 huevos. Todos sabemos lo desgastante que es la crianza de los hijos y la hembra Ñandú ahorra mucha energía al no cuidar a su prole y dedicarse a sus cosas.
Los animales que hibernan lo hacen porque dado su complicado hábitat, durante el invierno les sería muy difícil, sino imposible, encontrar alimento. Para sobrevivir, comen más de lo necesario antes de su larga siesta y así llegar a la próxima primavera.
Todo se traduce en la ley del mínimo esfuerzo ya que se debe cuidar la preciada energía difícil de conseguir.
El hombre al ser sólo un animal más de la naturaleza no escapa a esta ley y aunque la mayoría de nosotros la vence a duras penas por la vía del trabajo perseverante, aún quedan algunos respetuosos de esta ley.
El trabajar poco e incluso no trabajar, muchas veces no es debido a una carencia intelectual o física ya que para hacer una estafa rentable, la planificación debe ser muy detallada y un ladrón urbano auto denominado como profesional, si no corre a toda velocidad no podría ejercer su mal llamado trabajo, ni siquiera mercurio los podría alcanzar en su carrera después de haber cartereado a su víctima.
¿Entonces?
Gran parte de lo que somos es producto del medio en el que nos desenvolvemos y del cual inevitablemente nos vemos nutridos por osmosis. Son pocas las excepciones a la regla en que se logra salir del círculo de malos hábitos. Ex profeso escribí "malos hábitos" y no "el circulo de la pobreza" como suele estigmatizarse a los más desposeídos. Las probabilidades para quien ha tenido toda una vida de carencia absoluta se vea tentado por el facilismo del robo para obtener beneficios, al menos económicos pero los más grandes ladrones son aquellos que no lo parecen.
¿Qué pasa cuando alguien que ha vivido toda su vida en la opulencia, sufre un revés económico y queda en la inopia?
¿O cuando alguien sin recursos reales se acostumbra a vivir una vida ajena llena de lujos?
Ni hablar de mentes enfermas que se escapan a toda regla de comportamiento social meridianamente aceptable.
La ley del mínimo esfuerzo es altamente positiva siempre y cuando no vaya en desmedro de otros.
Muchos de los avances tecnológicos apuntan en esa dirección pero los conflictos comienzan cuando las leyes naturales e incluso las escritas por el hombre, son mal interpretadas por quien dice defenderlas. Algo así como la inquisición católica en que se torturó y asesinó a miles usando el mensaje divino como justificación a sus actos de extrema brutalidad inhumana.
¿Que habrá dicho dios en esos obscuros días?
Parece que no mucho porque ni antes ni ahora impide las injusticias. Seguramente es porque está siguiendo su propia ley del mínimo esfuerzo.

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