Rabia creativa

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Ante un contratiempo la primera reacción natural es sentir malestar y si el problema pasa a mayores, al momento de pensar sobre nuestra incapacidad de solución, la rabia nos invade. Y dado nuestro auto control de seres auto denominados como "civilizados" acumulamos esa rabia repetida hasta que no damos más y terminamos explotando ante cualquier mínimo estimulo negativo. La frustración nos hace reaccionar de manera involuntaria y las más de las veces, violenta. Esa explosión tiene niveles de energía superiores a la que nos mueve cada día porque se ha acumulado, acumulado, acumulado.
¿Y si ocupásemos esa gran cantidad de energía negativa de manera creativa oponiéndose de algún modo positivo a la primera reacción natural de destrucción?
Pienso que así como los opuestos se atraen o las líneas paralelas irreconciliables en la geometría clásica, indefectiblemente terminan por juntarse en el infinito, la energía destructiva y la creativa son los opuestos de una misma realidad que manejadas de manera consciente, pueden tener un resultado altamente positivo al crear nuevas posibilidades creativas.
¿Cuantas obras de arte no han visto la luz durante un periodo negro de su creador?
Que mejor ejemplo que los poetas malditos descritos en la obra de Paul Verlaine publicada en 1884.
Un periodo de doloroso ostracismo transformado en muralla limitante puede ser fácilmente derribado o al menos fisurado por la energía creativa, aunque los poetas descritos en esta obra no lo hayan logrado.
Es cierto que al estar inmerso en un hoyo de negatividad es difícil ver una salida de luz. Difícil pero no imposible. Incluso está comprobado por las leyes de la física, la única manera de romper la inercia del estatismo es con un primer movimiento, por mísero que este sea, puede ser el comienzo de una avalancha imparable de ideas sucediéndose sin orden ni jerarquía hasta ser adecuadamente ordenadas y encausadas por ese creador innato que todos somos.
Desde pequeños se nos educa a que el error es negativo y gradualmente vamos perdiendo nuestra capacidad de aprender del error que por lo demás parece ser de las formas más efectivas de aprender.
Los niños aun exentos de temores y prejuicios son una esponja capaz de experimentar una y otra vez sin temor, en comparación con personas de edad avanzada incapaces de arriesgarse a aprender, han aprendido erróneamente a fuerza de castigos que el error es malo.
Mientras la posible rabia de un niño está enfocada hacia el problema que no pudo resolver y repite empecinado hasta llegar a la solución, la rabia de una persona de edad se enfoca en sí misma y por lo tanto la bloquea sin permitirle volver a intentarlo.
Es mucho, quizás demasiado, lo que tenemos que aprender de lo que llamamos inocencia infantil.
Equivoquémonos creativamente y usemos esa rabia frustrante para aprender de nuestros errores y llegar a la mejor creación que podamos.
Quizás no vaya a ser ni el más inteligente ni el más hermoso niño de su colegio, pero esa creación va a ser nuestro hijo querido por el cual sentiremos un orgullo gratificante.

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