Organizar - se

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Han sido tiempos turbulentos algo caóticos, períodos de gran agitación. Sabido es por todo artista de que la regla para llenar la agenda de presentaciones y espectáculos es decir sí, hasta que no puedas decir sí.
Debo agradecer las múltiples actividades de las que he sido parte este año: varios proyectos del Círculo de Narradores Orales de Chile (CINOCH) que me han llevado a recorrer el país, las invitaciones del maestro Alfonso Rubio para payar y cantar juntos, la participación sostenida con un gran número de amig@s del canto y la narración que no mencionaré en detalle, pues de nombrarlas todas la superficie del papel se haría insuficiente.
Siendo parte de Enlazos de Pirque también se ha presentado el desafío de organizar eventos, el más célebre y querido para mí es el Encuentro Nacional de Guitarroneros. Muchos meses de anticipación para resolver cualquier eventualidad que pudiera presentarse, reuniones, mensajes que van y vienen, cotizaciones, facturas, ideas, discusiones. Todo un mundo de cosas que surgen antes de que el el evento, propiamente tal, cobre vida.
Obviamente, como parte del programa, hay que preparar el repertorio y la salida a escena. Cosa no menos y que ejerce una presión especial cuando se es “dueño de casa”.
Lo urgente nos saluda con gesto socarrón de tanto en tanto.
Además de las exigencias laborales de cada uno no hay que descuidar las redes sociales, hacer algo de deporte, dormir bien y adecuadamente, mantener una buena dieta y desarrollar todo aquello que nos permita mantener nuestra calidad de ser humano.
Con todo ello dejar que el “destino haga lo que tiene que hacer”, “dejar que la energía fluya”, y cualquier proceso de ese estilo, no resultan fructíferos. Aunque suenen muy a moda y a relajo, no es buena idea dejar cosas al azar.
Organizar y organizar-se facilitan mucho las cosas. Parece maratónico y muy difícil de hacer, en principio, pero como todo hábito del hombre, se facilita y se hace más amable en la medida que lo repetimos.
Primero, comprar una agenda, anotar lo importante en ella y abrirla de vez en cuando para evaluar de que va la cosa (o bien usar la aplicación del teléfono móvil, si le acomoda).
Tomar nota de cuanto uno cobró por sus horas de trabajo, de si debe hacer boleta de honorarios o no y la hora óptima para arribar al lugar de trabajo ahorra más de una duda, más de algún llamado urgente y más de algún momento incómodo. Ante todo hay que ser profesional.
Otra rutina que mucho ayuda es planificar el día. Invertir diez a quince minutos en pensar como organizaremos el día ahorra mucho tiempo y esfuerzo, los especialistas de recursos humanos plantean que organizar lo que se hará durante el día aumenta el desempeño entre un 10 y un 20%, cifra que se incrementa en cuanto aumenta el lapso destinado a ello.
Aunque parezca de perogrullo, o cliché a fuerza de ser repetido, no se debe dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy. Por insignificante que parezca una tarea, de hecho, parece ser que entre más simple un quehacer, más proclive es a ser pospuesto y, muchas veces, caer en zona de riesgo de ser procrastinado.
Optimizar nuestor tiempo nos permite estar más cerca del tan anhelado flujo mental, situación que se da cuando nuestra atención se puede centrar en solo un objetivo sin sufrir la contaminación de otras ideas e interferencias, de la cual la principal es ponerse a pensar en como resolver el problema Y cuando uno se está en proceso de finiquitar el asunto X.
En el terreno de la organización hay que ser práctico y parsimonioso. La vida y su acontecer es demasiado compleja como para hacerla menos llevadera aún, organiza tu tiempo y serás dueño de el.

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