Columna de opinión

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Escribir una columna de opinión, como esta, es un proceso que se caracteriza por la libertad que otorga a quien la redactará. No es un asunto sencillo, pero tiene bastantes bondades para un escritor novel, categoría en la que me considero.
En los textos escolares, y para que decir en internet o en libros especializados de literatura y/o periodismo, basta un esfuerzo muy dosificado para encontrar variados instructivos para dar forma a una columna.
Si simplificamos al extremo los pasos a seguir serían solamente dos:

1) Elegir un tema de interés e investigar al respecto.

Las redes sociales, los noticiarios televisivos (los cuales están fuera de mi dieta audiovisual hace bastante tiempo), periódicos y diarios (los cuales permanece en mi dieta cuando la parrilla necesita un catalizador para encender el carbón), internet, conversaciones con amigos y vecinos pueden dar luces del asunto a tratar. El resto es imaginación y alquimia al utilizar las palabras.

2) Escribir la columna propiamente tal.

Como todo en la vida, se rige por una estructura; bastante simple. Primero se presenta el tema, ojalá de forma original y divertida (nadie me avisó esto cuando me propuse escribir, espero enmedarme). Luego se da la opinión, propiamente tal. Se espera y supone un punto de vista con respecto al tema a abordar, una posición de base para manejar la información recabada en la previa indagación, con presencia de polémica y exposición (mojarse el potito, dirían mis coterráneos).
Constituye el último paso efectuar un cierre con alguna reflexión que golpee al usuario o bien alguna conclusión que provea cierta satisfacción en quien invirtió su tiempo en hojear y ojear las cuartillas transcritas.
El resto es libertad, hay un mayor margen que en otros géneros para el lenguaje a emplear (por eso me mojé el potito incluyendo la expresión mojarse el potito), en la extensión, en si resulta atingente o no, ya que bien puede tratar de temas que sin ser parte de la actualidad, resulten interesantes y atractivos.
Ahora, una recomendación que no hallé en ningún manual de instrucciones, y que me parece de perogrullo, es que hay que desarrollar un estilo propio para escribir, creo que lo mejor que podemos hacer es emplear nuestra propia forma de hablar y de comunicarnos en el cotidiano; para transmitir lo que pensamos de un asunto.
Y aquí comienza mi inquietud, estoy conociendo mi modo y manera de redactar, de contar y de dar lógica a lo que escribo. No es fácil, para nada, irse conociendo en ese sentido, es un túnel que no permite virajes en U y dentro del cual reina la oscuridad sin ver la salida. Hay que permanecer en el carril y avanzar eternamente.
En ocasiones concluyo una columna satisfecho del trabajo realizado, pero al volverla a leer me decepciono bastante, en algunos momentos ideas que deseché cambian mi perspectiva sobre ellas al volverlas a leer.
Cambios más radicales hay cuando uno, producto de vivir y madurar, cambia de opinión con respecto a un tema. ¿Es válido cambiar de opinión? Creo que sí, de lo contrario nos estaríamos negando la oportunidad de crecer a través del aprendizaje.
Me parece que esa es la clave, nadie está errado o permanece siempre en la vereda de lo que es correcto; lo que sucede es que tenemos más o menos información y, también, mayor o menor dominio en manejarla y digerirla.
Por eso me río cuando me llegan mensajes o correos atacando mis escritos, mi opinión es mía, no la puedo cambiar por una ajena sin la debida fundamentación y el criterio básico de ser humano en plantear el errar de otro ser humano, por definición.
Es obvio que voy a defender mi opinión, no por tozudez ni por querer atacar a otro. Simplemente porque mi vida y mis experiencias me han llevado a desarrollar un lugar desde donde veo tal o cual fenómeno.
¿Quiere cambiar mi opinión? Inténtelo, soy abierto al diálogo, a conversar y llegar a puntos medios. Para eso no use un lenguaje impositivo, de ningún modo cuestione mi forma de ver las cosas en relación a mi juventud, deje los improperios de lado, fundamente bien lo que dice y acompáñelo de hechos que lo comprueben (mójese el potito Ud. también). En resumen, piense y sea humano antes de cuestionar a alguien más.
¿Es muy difícil? Si pasa por alto todo ello (ojalá que no) bien puede escribir su propia columna de opinión. Espacio hay para todo ángulo de miras.
Como última observación, las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva opinión de quien las emite y no representan la opinión del mismo sujeto pasado mañana.

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