Rankings

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Nos estamos llenando de listas ordenadas según criterios específicos; la de los hombres más ricos del planeta, la de las mujeres más bellas, la de los países con mayor índice de analfabetismo, un ranking de los mejores hábitats mundiales para el insecto pavo real de antenas azules,..., todos muy bien ordenados del 1 al 10.
Algunos son absolutamente necesarios como para que un gobierno priorice sus inversiones en el ámbito social pero la mayoría de ellos, al menos los que leemos y logramos entender, son de una intrascendencia suprema y lo peor de todo; muchos de nosotros los leemos con un interés tan grande como la posibilidad de cruzarnos algún día con el insecto pretencioso.
Ojear estos listados es algo así como mirar vitrinas con artículos que no necesitaremos jamás y que de necesitarlos, difícilmente los podríamos comprar, pero en un voyerismo injustificado las revisamos de todas formas.
¿Y para qué perdemos el tiempo?
Ni idea.
¿Será que al leer la lista Forbes sobre los hombres más ricos del planeta, secretamente quisiéramos ver nuestro nombre escrito aunque hayamos tenido que hacer un esfuerzo económico importante para comprar esa revista donde jamás apareceríamos?
¿O será que al leer el nombre de un compatriota atleta de excelencia, al cual no conocemos realmente y cuyo deporte jamás podríamos practicar dada nuestra nula habilidad física, de alguna manera se nos hincha el chovinista orgullo patriotero?
Por un micro segundo su dinero lo tengo en el bolsillo de mis deseos incumplidos y esas medallas me las cuelgo del cuello.
¿O será una simple distracción para desconectarnos momentáneamente de nuestra realidad? Algo así como ver en televisión reportajes sobre países exóticos a los cuales no tenemos ni la más mínima posibilidad de ir algún día.
Y por supuesto los rankings son de listados reducidos en número. Pocas veces más de 10. Ya nadie tiene tiempo que desperdiciar leyendo tratados infinitos aunque leer estos listados, de por sí ya sea un desperdicio absoluto.
Para una breve idiotez si tenemos tiempo, para reflexionar sobre filosofía trascendental no.
Pero no todo es negativo, eso siempre y cuando elaboremos nuestros propios rankings en función de nuestros intereses y nuestras reales posibilidades.
Por ejemplo una lista de metas incumplidas para tener claro donde focalizar nuestros esfuerzos, lugares que visitar, comidas que degustar, desafíos por abordar y por supuesto vencer.
Incluir una que otra locura en estas listas, aunque parezca una contradicción en los términos, sería muy sano.
Tenemos una vida demasiado acotada como para solo pensar sin hacer y una lista ordenada por prioridades posibles es un buen inicio siempre y cuando, después de escrita, no pase a formar parte del tesoro escondido en el cajón de toda mesita de noche que se precie de ser confidente de su dueño.
Dejemos de mirar escaparates hechos listas estúpidas y sin otra pretensión que no sea vivir la vida a plenitud con todas las infinitas posibilidades que esta nos ofrece, elaboremos esa lista que iremos tarjando gradualmente a medida que vayamos logrando los objetivos en ella escritos y por supuesto, sin olvidar ir añadiendo constantemente nuevos desafíos al ranking de nuestras vidas.

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