El problema es la obsesión

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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La ansiedad es una respuesta emocional durante la cual suele activarse en alto grado el sistema periférico, creando comportamientos que dificultan la adaptación, y que por ende mantienen al individuo sin sosiego y en conflicto con la unidad social.
En la ansiedad están involucrados conceptos que se mantienen a las puertas del consciente y del inconsciente del individuo, como la supervivencia y la felicidad, para no mencionar otros, cuyo temor a la pérdida de uno u otro se convierte en una de las grandes preocupaciones que llevan a éste a volverse obsesivo en la búsqueda de amparos, para protegerse.
La obsesión por el éxito, tan en boga, es parte fundamental de esa búsqueda.
La obsesión por el éxito ha creado una velocidad en la actitud humana, que está haciendo que la responsabilidad productiva de quien hace algo sea cada vez menor, y que la capacidad electiva del individuo esté cada vez menos emparentada con una actitud reflexiva y se convierta éste en una víctima de la audacia, y que por ende todo proceso productivo tenga como objetivo librar una competencia, y el electivo sea la consecuencia de un acto visceral impulsado por los componentes de le emotividad.
La actividad artística se ha convertido en una víctima de la obsesión por el éxito y es tal vez esa una de las razones por la que es cada vez más vulnerable e irrespetada dentro del mundo de la economía, a pesar de que se habla de ella con sentimiento empresarial e industrial, porque si la actividad cultural, que siempre ha sido considerada como algo accesorio, para mantenerla en una desventaja jerárquica que impida que sea tomada en serio como parte del desarrollo de una sociedad, ahora es considerada mucho más accesoria, porque se ha dejado manosear e introducir en la estructura de las actividades de emergencia y divertimiento, diseñadas para disuadir al espectador a olvidar sus problemas y a entretenerlo para que no los convierta en conflicto social.
La obsesión por el éxito está haciendo del hacedor de arte un elemento descuidado con el proceso y fuertemente preocupado por los resultados, razón por la cual le importan menos los medios para llegar a éstos, y sobrepone la audacia a la razón, con improvisaciones que tratan de responder a preguntas utilitarias sobre cómo debe él comportarse, y no de las que emergen de sus convicciones relacionadas con lo que él espera hacer, para explicarles a los demás algo a través de su arte.
Debido a que quien tiene la responsabilidad de evaluar el producto final, este es, el consumidor, también es víctima de las mismas presiones cuando va a decidir, no hay entonces quien ejerza presión para exigir la calidad del producto, pues finalmente éste termina aceptando que la esencia del mismo es producir una satisfacción momentánea.
El productor de arte está cada vez menos presionado o incentivado para exigirse así mismo, cuidar la calidad y además preocuparse por averiguar cuál es su verdadero papel social, porque quien consume también está cada vez menos habilitado, tanto por impulso de la prisa como por ausencia de conocimiento, para discernir sobre el producto y calificarlo, y por eso el éxito es cada vez más fácil de alcanzar por quienes toman la decisión de no complicarse la vida buscando hechos trascendentales, ni amargársela tratando de averiguar fórmulas reveladoras para ponerle freno a la estupidez e impedir su fácil acceso a la condición humana. 

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