Fauna urbana

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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¿Podrá existir algo más enriquecedor que el detenerse en algún intersticio de una gran ciudad a ver pasar sus habitantes e imaginar fascinantes historias de vida?
Existe una directa relación entre el tamaño de la urbe y la variedad de sus gentes. Evidentemente es en el zoológico de las grandes ciudades donde la fauna humana presenta una mayor variedad.
En su afán por diferenciarse de la masa en busca de una entidad propia, dada la dificultad de ser único entre miles de millones, quien más quien menos termina formando parte de una manada en particular, uniformándose de gestos, modismos, ropas, gustos adquiridos...
Las tribus urbanas terminan siendo un reflejo de la sociedad y los tiempos en que se vive.
Los Hippies de los sesentas con sus conceptos emblemáticos de amor y paz surgen como una reacción al consumismo que comenzaba a instalarse en la sociedad, herederos de los Hipsters que vuelven a ser hoy un grupo ajornado, claro que con ciertos errores en sus bases, los Punks, los Visual, los Emo, los Skin Heads, los de aquí y los de allá.
Pero también están los oficinistas, los artesanos, las secretarias, los mendigos, los policías, las prostitutas, los ancianos, los niños,...
Puede que exagere porque los niños aun no tienen definición de identidad y son permeables a toda posible influencia, claro que terminarán por sucumbir. Todos lo hacemos.
Uno mismo puede ser encasillado en más de algún grupo social perfectamente definido por usos y costumbres, incluso por su uniforme.
Al decir uniforme inmediatamente se hace la relación con militar y dependiendo de la edad también podría ser un escolar. Tacos altos y mucho maquillaje. Sucio, con discurso lastimero y extendiendo la mano. Joven corriendo en la ciudad y mirando hacia atrás. Vestido de negro y decorado de botones y púas color acero.
Son muchos los grupos identificables y eso ha producido estereotipos en los cuales solemos encasillar a quienes vemos sin considerar la posibilidad de pertenecer a más de uno de ellos.
Un mendigo podría ser padre, una prostituta filosofa amateur, un militar folclorista, un oficinista un asesino en serie,…
El ser humano es tan complejo que basta esa complejidad para definir miles de millones de individualidades. En lo físico pueden existir algunas semejanzas impresionantes jamás idénticas pero el todo es absolutamente único.
Somos únicos.
La mejor forma de conocer al otro y como consecuencia directa conocerse a uno mismo, es simplemente deshaciéndose de esa pesada mochila de prejuicios y estereotipos acumulada a lo largo de nuestras vidas, esa carga capaz de condicionar no solo nuestro actuar sino que nuestro pensamiento, para acercarse gradualmente al ser.
La mayoría de las veces basta un simple buenos días o un gesto amable para romper esa coraza que todos nos hemos ido creando para sobrevivir a los depredadores de la fauna urbana. No es tan difícil, solo falta la voluntad para hacerlo.
Hoy en que existe una marcada tendencia por hacer experimentos sociales exhibidos por internet, algunos reales y otros evidentemente montajes, hagamos nuestro propio experimento sin la necesidad imperiosa de exhibirlo
Buenos días.

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