Rafael Garay

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Los fuegos de artificio, la necesidad de ensalzar a ciertos personajes, la falsedad y toda la basura que rodea a la televisión pueden ensalzar a un ente a alturas de exposición mediática insospechadas e inmerecidas.
Cabe preguntarse si muchos de los “rostros” se han ganado ese sitial o, en cambio, han sido ubicados en sitios estratégicos de acuerdo a lo que el funesto espectáculo requiere para hacernos ignorar lo importante.
Es así, que hace algún tiempo era común ver a Rafael Garay Pita comentando acerca de formas de optimizar las pensiones en matinales y otros programas de medio día en su calidad de Director de Felices y Forrados, organismo creado para ayudar a resolver a la gente común y corriente, dudas respecto al sistema de Isapres y AFP.
Incluso fue candidato a senador por la región del Bío-Bío, gozando del apoyo del público a nivel generalizado; pues transmitía confianza y seguridad.
Eso hasta Septiembre del año pasado, mes en el que desapareció sin paradero conocido. Interpuesta la denuncia por presunta desgracia el 21 de Septiembre de 2016 se temía lo peor, ya que en el mes de Agosto había confesado padecer un cáncer terrible que atacaba su cuerpo de manera implacable y a velocidad inusitada.
Lo que nadie sabía, ni siquiera sus más cercanos, era que había tomado rumbo a Europa luego de haber vendido todos sus bienes inmuebles, automóviles y haber cobrado un buen número de cheques de sus socios, de varias empresas a las que en los días previos había cerrado.
Y así comenzó una serie de capítulos que llevaron a que fuera encontrado en Rumania conviviendo con una pareja no conocida para los medios de prensa. A que se corroborara, tras los pertinentes exámenes médicos, que su cáncer no era nada más que una farsa y que no era veraz tampoco el que se estuviera sometiendo a un tratamiento en Francia, tal como había declarado.
En las semanas y meses siguientes se hizo evidente para sus clientes, socios y amigos, que a muchos de ellos les había estafado. Según la mayoría de ellos con argumentos y actitud muy convincente, les había prometido un fondo de inversión con un insólito y descabellado 19% de ganancia mensual.
De ahí en adelante todo se transformó en tratar de extraditarlo, en configurar las querellas contra él y definir los delitos por lo que sería imputado.
Seguía pasando el tiempo y se especulaba sobre su estado de salud mental, sobre su grado de adaptación social, sobre como era evidente su mitomanía y tantas otras cosas que dice la gente cuando después de la guerra quiere ser general.
A fines de Noviembre, tras detectarse falsificación de documentos de su parte, Garay fue sentenciado a arresto domiciliario por la policía rumana. El ingeniero comercial (sin especialización comprobable en economía de ningún tipo) fue así citado a declarar y, finalmente, debió permanecer en su residencia por 20 días, en primera instancia.
Continúo la especulación en Chile y en Rumania se alargaba el proceso para extraditarle.
Para hacer la historia corta, les pondré al tanto de que este 16 de Marzo Garay pisó, finalmente, suelo chileno, enfrentó la justicia en tribunales y está actualmente en prisión preventiva.
Hasta ahí debiera llegar el asunto que, obviamente, debe resolver la justicia.
No obstante, los programdas de comidillo y chismorreo han llegado a extremos que no pueden recibir otro rótulo que estúpidos.
Análisis del lenguaje corporal del imputado en el juicio, análisis sobre la elección de colores de su ropa, análisis de discurso y otros tantos realizados por personas no idóneas y, para nada, especialistas en el tema.
Pseudo-psicólogos mezclando conceptos, mal interpretando sucesos, generando odio y, lo peor de todo, dañando a su propia profesión. Paradoja terrible, se le enrostra a una persona las terribles faltas a la verdad que ha incurrido, cayendo en el mismo juego.
Me resultó curioso y sospechoso, en grado sumo, el nivel de cobertura que tuvo su extradición, su viaje, su arribo al aeropuerto y su entrada a tribunales. Decían los medios que llegó como un “rockstar”.
¿Llegó así o en eso los mismos periodistas lo transformaron?
Inaudito que en uno de sus traslados por parte de gendarmería una horda de gente le haya lanzado monedas, escupitajos e improperios; el tipo robó mucho dinero, pero a particulares. No afecta, en realidad, a nadie más que a ellos.
No he visto esa misma reacción enajenada contra los que si nos roban todos y cada uno de los días, contra los que mienten en asuntos más relevantes y que si nos tocan a todos, tanto individualmente y como nación.
Bolsas de humo, ya que tampoco es una de las estafas más grandes perpetradas en nuestro suelo y que debieran, actualmente, recibir condena o al menos ser tramitadas en tribunales. Ejemplos: colusión del papel higiénico, Exalmar, colusión de los pollos, el Paco-Gate, Penta y tantas otras.
No he visto a ningún pseudo-psicólogo haciendo análisis de tics, lenguaje corporal, discurso y tantas otras cosas, sobre los que debieran ser imputados en las causas mencionadas; ello porque la mayoría de los canales de TV o bien les pertenecen, o son pagados para defender sus causas.
En un país donde no existe meritocracia no es raro que se exalten las cualidades de una persona para, al día siguiente, destruirla. Los medios inflan y desinflan a placer al sujeto que tengan por objetivo.
Adicionalmente, ya he hablado en otras columnas de cómo aquí se le llama payador a cualquiera que cree hacer una rima, guitarronero a cualquier propietario de un instrumento de ese tipo, narrador a alguien que tiene un cartón; pero no las competencias y habilidades necesarias.
La mayoría no es amigo de la verdad y todo lo que ello implica.
Es común ver a alguien evadir responsabilidad antes sus propios dichos, el llegar atrasado, no respetar los oficios, falsear su currículum, robar y copiar ideas en vez de inventar algo nuevo.
Formas menores de estafa digo yo, cosas insignificantes dirán otros.
Siendo la mentira costumbre, no hay que quejarse después de que estemos como estamos.
Rafael Garay no es un monstruo, solo es un síntoma de una afección terrible a nivel país; la amistad con la mentira.

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