Musas y la madre que las parió

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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...y nada!!!
Por más que busco en mi cerebro trasnochado alguna idea que pueda ser el puntapié inicial de un escrito, no encuentro nada, nada. No necesito una genialidad capaz de cambiar el curso de la historia, solo una pequeña posibilidad. Como pregona una canción por ahí, mis musas deben andar de vacaciones. Lo único malo es que no me llevaron con ellas y yo estoy empeñado en producir mientras ellas se relajan seguramente bebiendo una piña colada y dándose baños de sol en alguna playa tropical de esas en las cuales yo jamás estaré.
¡Musas y la madre que las parió!
Sin duda alguna mi comentario adolece de cierta envidia pero en el fondo soy yo quien les auspició el viaje. Puede ser que de manera involuntaria pero fui yo quien no tuvo la capacidad de retenerlas a mi lado como para que le dictasen a mi mano lo que debían escribir.
Aun así, como a veces un dibujo comienza con simples líneas, quizás estas líneas de devaneo terminen en párrafos de relativa lógica.
En el fondo para cualquier actividad a realizar, lo más difícil es romper con la inercia del cómodo estatismo, ese capaz de seducirnos con su monotonía blanca, monocorde y plana.
El gran riesgo es el de acostumbrarse a seguir la manada sin siquiera osar a cambiar el rumbo. La pradera será siempre la misma con la cantidad suficiente para todo el tropel, a veces más a veces menos pero segura. Salvo una gran catástrofe natural, difícilmente se morirá de hambre aunque sin la más mínima posibilidad de disfrutar alguna vez de ese banquete que todos nos merecemos degustar.
Poco a poco las musas parecen volver de sus merecidas vacaciones, ahora me toca a mí el poder interpretar su lenguaje tantas veces críptico. Podría invitarlas a salir para beber un coctel o llevarlas a cenar, quizás pasear por la playa o perderse en algún rincón urbano. Debo complacerlas o más bien estimularlas para que ellas cumplan con su cometido.
Leer un libro, visitar una exposición, asistir a un espectáculo de artes escénicas, conversar con desconocidos y con los conocidos también, reflotar en conjunto recuerdos y sentimientos olvidados, todo sirve, todo lo que sea capaz de sacarnos de una rutina de electroencefalograma plano. Tampoco se trata necesariamente de estimularse y estimularlas con experiencias extremas capaces de inundarnos de adrenalina, las que a pesar de ser un fuerte remesón a nuestras conciencias, si bien se presentan como una alternativa posible, pueden perfectamente ser reemplazadas por un viaje a lugares desconocidos que podrían estar a la vuelta de la esquina o en la antípoda de nuestro pasar en esta tierra.
En definitiva uno no puede sentarse a la vera del camino esperando que un rayo rompa la cobertura de nubes de nuestro letargo para caernos encima como inspiración divina caída del cielo.
Las musas existen y debemos seducirlas para que nunca nos abandonen, solo así lograremos generar un círculo virtuoso en que si uno les da lo que necesitan, ellas retribuirán con creces a nuestra entrega.
¡Bendita sea la madre que parió a mis musas!

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