Frutos tropicales

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Las esquinas de mi ciudad se han llenado de frutos tropicales. Piñas, mangos, guayabas hacen funcionar a primera hora de la mañana las glándulas salivales de los peatones. No es que seamos un país tropical en plena producción vegetal, de hecho somos el país más austral del mundo tanto continental como insularmente hablando pero por las mañanas muchas esquinas, sobre todo cerca de las estaciones del metro, son decoradas por colores y aromas de deliciosas frutas tropicales listas a ser consumidas como desayuno por los siempre apurados oficinistas.
Son sobre todo inmigrantes colombianas quienes ofrecen opíparos desayunos vegetales acompañados de una sonrisa gentil.
Un reconocido escritor nacional dijo que chile es un país Frankenstein porque está hecho de pedazos; los pedazos de muchos inmigrantes que vinieron a estas tierras buscando un futuro mejor y que habiéndolo encontrado o no, estuvieron obligados a quedarse debido a la gran dificultad que representa el ser el último país del mundo. Con suerte nos tocó estar sobre la tierra antes de caernos hacia el sur. Chile era la parada final de cualquier recorrido.
Hoy en día con los avances tecnológicos y la mundialización, las distancias se han reducido; ya no se miden en kilómetros sino en tiempo de desplazamiento. Nuestro inmenso planeta se ha visto reducido al tamaño de una aldea global.
Un brillante grupo económico fundo una línea aérea con un par de aviones que realizan vuelos entre puerto Príncipe, la capital de Haití y Santiago de Chile 2 veces por semana. Los aviones llegan al aeropuerto de Santiago llenos y regresan a la isla vacíos. Está claro cuál es el negocio; aprovecharse de la ilusión de personas que pretenden salir de su miseria viajando a un país que es publicitado como prospero económicamente hablando.
Puede ser que estemos mejor que otros pero también es cierto que estamos empezando a reaccionar cómo reacciona todo ser humano frente a una posible amenaza a su estabilidad. El mercado del trabajo, como siempre abusivo, usa mano de obra barata provista por los ilegales que son mal pagados y viven en condiciones deplorables que aun así, son mejores que en su país de origen. El problema o ventaja, depende de la óptica con la cual se juzgue, es que estos migrantes, para ser aceptados por la sociedad a la cual llegan, se esfuerzan el doble que los locales para hacerlo bien, se debe reconocer que lo hacen muchas veces mejor pero son mal pagados. Esta característica los está llevando a ocupar los puestos de trabajo de los locales quienes obviamente ya no los miran con los mismos ojos de hace un tiempo.
Salvo las fronteras geográficas, esas líneas geopolíticas dibujadas por la fuerza en los mapas que nos definen como personas de tal o cual país, no solo han dividido el territorio físico, sino que también dividen a los hombres y su comportamiento social.
Los animales migran en concordancia con la naturaleza mientras en hombre se ha convertido en un sedentario del egoísmo.
No creo que se trate de volver a ser trashumantes sin arraigo de lugar pero debemos aceptar que un porcentaje no menor de la población debe desplazarse para intentar mejorar su vida.
Todos somos migrantes cuando abandonamos la casa de nuestros padres e iniciamos la vida como independientes.
Todos somos humanos.
Todos.

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