Audífonos

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
Imprimir

Por la mañana no me puse los audífonos como hago por costumbre para de alguna manera hacer más llevadero el tiempo de traslado en el transporte público entre mi casa y el trabajo. La gente en el bus no me pareció tan agresiva como cuando me da por escuchar a Rage Against the Machine ni tan dulce como al escuchar el piano de Erik Satie.
Todo lo que escuchamos se transforma en la banda sonora de nuestras vidas e influye directamente en nuestro estado de ánimo y por lo tanto en nuestro comportamiento social así como en nuestra disposición para hacer o dejar de hacer.
Tengo la fortuna de vivir en una especie de oasis dentro de la ciudad, en la ladera de un cerro y hoy, me levanté más temprano que de costumbre como hacía mucho tiempo no lo hacía, para disfrutar de los sonidos de ese ambiente natural tan ajeno al de las grandes ciudades pavimentadas de urbanidad. Con esa iluminación un tanto azulada del amanecer, escuché uno que otro pájaro anónimo trinando, seguramente buscando pareja o al menos compañía, el aplauso de las hojas chocando entre si movidas por una suave brisa, la melodía del agua corriendo por un canal de regadío y de vez en cuando el rugir de un motor haciendo pasar a segundo plano la ilusión bucólica de estar inmerso en la naturaleza.
Fueron solo 10 minutos de caminata en la que esos sonidos primitivos fueron siendo gradualmente aplastados por el desarrollo humano; motores, motores y más motores.
Fueron solo 10 minutos pero fueron suficientes como para renovar las energías necesarias con las cuales afrontar una nueva jornada. Lo mejor de todo es que por la tarde el ritual se puede repetir aunque de manera inversa; al caminar me iré alejando del stress y del bullicio citadino.
Como dije, vivo en la ladera de un cerro, por lo que mi jardín es una especie de balcón que me permite apreciar desde una distancia segura la urbe.
¿Y por la noche?
Es como si el cielo se hubiese derrumbado para cubrir de estrellas el llano. Miles de luces y por cada luz, muchas vidas, muchas historias.
A veces me distraigo buscando formas como si fuese un zodiaco a ras de piso. Las grandes avenidas son los trazos primeros y de ellos se desprenden otros para formar imágenes sublimes.
Si en las estrellas la imaginación humana pudo encontrar animales, divinidades y formas de todo tipo, en las luces de una ciudad se puede encontrar de todo. Y si a las imágenes les agregamos sonidos, el espectáculo está completo.
Aunque puede ser teóricamente superior, no es indispensable el pagar una entrada a una sala de espectáculos para vivenciar arte. El arte está en todas partes, eso, si estamos atentos para encontrarlo.
Si desde mi posición alejada la imaginación parece desbocarse por la sugerencia de posibilidades, el estar en medio del estímulo sin duda es poderoso.
El ser humano siempre quiere lo que no tiene; los bajos quieren ser altos, los intelectuales quieren ser deportistas, los de aquí quieren ser de allá,...
Basta con hacer un paréntesis en nuestras vidas para darnos cuenta de toda la inspiración vital a nuestra disposición. Salirse por un instante de la frenética rutina, abrir los sentidos y dejarnos llevar por las abundantes sugerencias creadoras del medio en el que nos desenvolvemos, sea cual sea, una bulliciosa ciudad o un páramo relajado.
Sacarse de vez en cuando los audífonos del aislamiento auto impuesto sin duda puede ser provechoso para escuchar no solo a nuestro entorno sino a nuestra propia voz interior ávida por gritar nuestra verdad a los cuatro vientos.

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 (2) 2 37 20 12
+57 315 542 73 66

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.