Justo pago

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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¿Quién determina lo que es un justo pago por un servicio prestado?
¿Quién presta el servicio o quien es beneficiado por el mismo?
¿Las tarifas aparecen por arte de magia o las dicta el anónimo mercado?
Y si considerásemos que la vida misma es un servicio ¿quién paga?
Sin importar quienes seamos, nunca encontraremos que el pago recibido sea directamente proporcional al esfuerzo realizado para lograr el objetivo.
Solemos creer que solo nuestra entrega y compromiso son los que valen mientras los de otros simplemente son lo que debe ser porque así tienen que ser.
El auto juicio suele ser tibio al compararlo con la despiadada crítica a la que, sin miramientos ni consideraciones, sometemos el actuar de otros.
Aunque en primera instancia parezca un premio de consuelo, el único pago que siempre será sobradamente justo, es aquel que recibiremos al entregarnos a nosotros mismos por una causa humanitaria.
No me refiero al salvar a refugiados ni evitar guerras, aunque imagino que eso sí sería fantástico.
Sin ser tan ambiciosos, horas de trabajo y esfuerzo, se ven ampliamente recompensadas con la sonrisa de un hijo abrazando a su padre antes de irse a dormir.
Estrechar la mano de un moribundo y escuchar su último aliento de serena paz, nos pagará con la tranquilidad de saber que no pudimos hacer más.
Lo que no se paga con dinero sino simples gestos sinceros y espontáneos en función al tiempo y dedicación, es lo que nos hace humanos, de lo contrario simplemente seríamos máquinas recaudadoras de bienes materiales a través del dinero.
Muchos, quizás demasiados incluso nosotros mismos en momentos de debilidad, creemos que el dinero hace la felicidad. Esta idea es reforzada por frases tales como "el dinero no hace la felicidad, la compra hecha" o "el dinero no hace la felicidad pero tranquiliza los nervios" o "el dinero no hace la felicidad pero ayuda", todas frases que a través de la negación solo reafirman el materialismo en el que estamos inmersos.
Si apreciamos el entregarnos, lo que recibimos nos hará plenos.
No se trata se renegar absolutamente del dinero ya que en el modelo de sociedad en el que nos encontramos, el trueque solo es un recuerdo romántico y necesitamos de el para sobrevivir.
Los problemas de toda índole se generan cuando nuestro norte deja de estar en lo social y se transforma en lo material.
Sin miedo a equivocarme, todos conocemos a alguien de prosperidad económica superior con una aparente vida feliz pero ¿será?
Acumular solo para tener, sin que necesariamente se llegue a un caótico Síndrome de Diógenes, parece ser la condición a la que esta sociedad consumista en la que nos toca vivir aspira.
¿No lo creen?
Tras una simple revisión de sus armarios o bodegas o donde sea que guardan eso que no usan a diario, se darán cuenta de cuanta cosa en desuso, inutil o innecesaria tienen.
la influencia del "llame ya" para incitar a la compra, de seguro ha tenido resultados.
No desechen aquello que no usan, regálenlo, siempre habrá alguien agradecido de recibir.
Y por sobre todo no solo regalen cosas, en la medida de lo posible, regálense a ustedes mismos que el pago será sobradamente justo.

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