Ego

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Aunque siempre existirá la excepción a la regla, está claro que el ser humano en gran medida, si no por completo, se mueve impulsado por su ego y así como estímulos positivos lo llevan a la acción productiva y a repetirla para recibir nuevamente ese nutriente vital del reconocimiento, una crítica negativa a su actuar, no solo puede frenarlo, sino que bloquearlo e inmovilizarlo, incluso hasta destruirlo anímicamente.
Es aquí donde la resiliencia adquiere un rol protagónico. Esa capacidad de sobreponerse a las frustraciones o experiencias negativas aprendiendo de ellas para idealmente repetir la acción pero esta vez con resultados positivos.
Aunque siempre ha existido como característica fundamental del ser humano, recién hace poco más de 30 años, comenzó a ser disectada desde un punto de vista teórico para comprenderla y por sobre todo, entender sus efectos sobre el comportamiento humano.
Algunos, al creerse fuertes, reniegan de esta condición y van de frente con todo, poniéndole el pecho a las balas una y otra vez, siguiendo lo que sus consciencias les dictan sin considerar el juicio ajeno pero claro está, ellos son la excepción a la regla y sin darse cuenta siquiera, poseedoras de una fuerte resiliencia.
La mayoría de nosotros necesitamos de ese palmoteo en la espalda antes de entrar a la cancha de juego o una palabra de aliento que nos lleve a redoblar nuestros esfuerzos por lograrlo.
Necesitamos de esa muleta emocional capaz de ayudarnos a superar la adversidad del mal recuerdo de alguna experiencia pasada. Sin olvidar, gracias a esta característica psicológica podemos plantarnos firmes ante un desafío y superarlo.
Como perros falderos buscamos una y otra vez en la vida, esa mano de nuestro amo capaz de golpearnos pero también de alimentarnos.
Por supuesto, el ego frágil quisiera tener el control absoluto sobre las variables que rigen nuestros destinos pero también sabemos que Santa Claus no existe aunque la Coca Cola lo haya vestido con sus colores institucionales, el rojo y el blanco.
Creer, nos gusta creer aunque muchas veces sepamos, preferimos creer. Nos sabemos engañados pero nos gusta creer.
La resiliencia tiene en parte esa característica, la de hacernos creer que siempre se puede estar mejor y por lo demás ¿cuál es el secreto? siempre se puede estar mejor.
Ya que una mano lava a la otra y las dos juntas lavan la cara, ayudemos a otros a potenciar su resiliencia y como es bien sabido que solo se cosecha lo que se ha sembrado, tarde o temprano recibiremos nosotros mismos esa palmadita en la espalda para sacarnos adelante después de una mala experiencia.
Ya que nos gusta creer, creamos primero en nosotros mismos como el dios creador que somos y creemos nuestra vida nunca exenta de dificultades pero siempre con la posibilidad de mejorar.
No podremos descansar al séptimo día pero aunque a veces creamos estar al borde del agotamiento, la satisfacción de hacerlo lo mejor que podamos en la medida de nuestras posibilidades, nos dará más de la energía que necesitamos para seguir adelante.

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