Interesantísimo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Por muchos es sabido que la mejor forma de parecer una persona inteligente en una conversación, es dejando que el otro hable a sus anchas, ojala sin contradecirlo e interrumpiéndolo lo menos posible. Incluso si lo dicho por nuestro interlocutor no es para nada interesante, basta con asentir de vez en cuando con la cabeza, agregando brevísimos comentarios a la obviedad y nuestra valoración como alguien de conversación muy interesante estará asegurada, eso claro está, si somos capaces de morder el bostezo antes de que este nos traicione.
El ego humano debe ser una de las fuerzas más poderosas del universo. Algunos tildan esta característica incluso de negativa pero si uno no se valora primero ¿cómo podemos pretender que otros nos valoren?
El ego en su justa medida es absolutamente positivo en todo ámbito de cosas; como tenemos esa necesidad innata de ser valorados por nuestros semejantes, de no intermediar algún tipo de patología psiquiátrica, haremos esfuerzos por que así sea.
¿Cuantos avances y mejoras en la condición humana no han sido desarrollados por el ego de sus creadores?
Pero así como el ego es tremendamente poderoso, a la vez es extremadamente frágil.
Sin duda todos los creadores, en el ámbito que sea, científico o humanista, son movidos por su ego. No es extraño el escuchar a un artista refiriéndose a su obra como la panacea y al poco andar, verse profundamente afectado ante una crítica negativa.
Equilibrio, la receta mágica pareciera ser el equilibrio. Mientras más alto se suba, más grande puede ser la caída y mientras más profunda sea la caída, más nos costará salir del hoyo. Por eso lo difícil es encontrar el equilibrio necesario para mantenerse en esa codiciada línea media, una condición en la cual nuestro ego no se vea aplastado pero tampoco sublimado.
Por supuesto que una caída de vez en cuando nos enseña a pararnos y uno que otro logro, nos hará plenos.
Es por todo lo expresado en las líneas precedentes, que al dejar hablar al otro, su ego complacido nos reconocerá como alguien capaz de hacer un aporte positivo a sus vidas aunque le aportemos muy poco e incluso nada más que una oreja para escucharlo.
Quienes escuchan con paciencia por lo general terminan por hacer valorar sus ideas, incluso si están equivocados y quienes intentan imponerse solo por la fuerza, con el tiempo terminan siendo rechazados incluso aunque tengan la razón.
El manejo del ego ajeno es una técnica muy bien utilizada por quienes nos dirigen pero lamentablemente las más de las veces hacen un uso egoísta.
Basta con darse cuenta de las toneladas de caricias al ego de los votantes que hacen los políticos en época de elecciones; maestros bien entrenados usando sus conocimientos del comportamiento social para lograr sus objetivos. Estrechan la mano a don Pedro y a la señora Juanita y los escuchan de manera supuestamente atenta, el ego cree y se deja seducir para después darse cuenta que nada cambia y sigue siendo lo mismo de siempre; la misma chancha con más corridas de tetas.
Si encontraron estas opiniones aburridas, quizás hubiese sido mejor escucharlos a ustedes. No cabe duda que de seguro hubiese sido mucho más enriquecedor.

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