Bombardeo poético

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Al atardecer de un día de agosto del año 2002, la ciudad croata de Dubrovnik sufrió un nuevo bombardeo.
Para el acelerado ritmo de vida que llevamos, algo sucedido el año 2002 podría parecer una noticia antigua, al límite de ser prehistórica pero sin embargo es digna de ser recordada tanto por su insignificancia universal como por su gran importancia para quienes la vivieron.
Quien busque en internet imágenes de Dubrovnik con la instantaneidad de la que somos víctimas, podrá ver paisajes de ensueño y arquitectura relevante en armonía con su historia, tanto así que en el año 1979, su casco antiguo, la ciudad amurallada de Ragusa, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Todo lindo, todo perfecto pero quien escarbe tan solo un poco más, se encontrará con imágenes de la guerra entre Serbios y Croatas que tuvo lugar entre los años 1991 y 1995 donde evidentemente ambos bandos tenían la razón.
Destrucción, ruinas producto de las bombas, sufrimiento, muerte, avaricia humana justificada con vanos argumentos. Una guerra particularmente despiadada en estos tiempos donde se supone que dado el avance de la civilización el poder de la diplomacia debería superar al de las armas.
Solo 7 años después de terminada la guerra, un grupo de artistas chilenos logró llevar adelante la iniciativa de bombardear nuevamente la ciudad pero esta vez con arte; desde el cielo hicieron caer 100.000 poemas. Palabras de esperanza fundadas en los sentimientos desinteresados.
Seguramente la primera reacción de quienes habían vivido esos años de horror en carne propia y no a través de los programas de noticias donde la muerte es parte del show, se sintieron primero extrañados y hasta atemorizados por estos papeles cayendo del cielo para luego dejar paso al asombro y finalmente al agradecimiento de estar vivos para ser "victimas" de la experiencia. Todos los papeles que para algunos podrían considerarse basura, fueron religiosamente recogidos por los habitantes y no quedó ninguno en las calles. La poesía comenzaba a hacer su trabajo reparando almas.
¿Qué estupidez es esta de lanzar palabras sobre las ruinas de tantos sueños perdidos?
¿A quién se le puede ocurrir semejante inútil barbaridad?
Barbaridad es ponerse una venda ante la evidencia y justificar la violencia del hombre contra el hombre con los argumentos que todos quieren escuchar a pesar de que tengan un trasfondo del poder por el poder.
Nada, nada justifica la violencia ciega. Ni la religión mal entendida intentando imponer su único dios verdadero, ni los deseos de independencia, ni el afán por liberar a quienes a lo mejor no desean ser liberados, nada, nada justifica la violencia.
Dada la violencia innata del ser humano, no creo que estemos viviendo tiempos especialmente violentos. La forma ha cambiado pero no el fondo.
¿Verter aceite hirviendo a soldados escalando murallas de la fortificación es más o menos violento que apretar un botón en la comodidad de una oficina para, literalmente, reventar personas a miles de kilómetros de distancia?
Pero es que ahora las que pagan son víctimas inocentes.
¿En qué guerra han muerto más soldados que civiles?
Es que antes morían menos.
Proporcionalmente lo dudo, antes eran menos las victimas porque simplemente éramos menos.
¡A las armas!
Usemos las armas de la creatividad artística para defendernos de nosotros mismos.
Los bombardeos poéticos han demostrado su efectividad.

Esta experiencia se ha replicado en otros lugares con una significativa carga de dolor humano para exorcizar los demonios del pasado. Para mayor información, buscar en cualquier navegador de internet "bombardeo poético".

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