Patrimonio honesto

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Me considero un afortunado, un bendecido. La vida me ha dado grandes alegrías, la principal de ellas permitirme penetrar en el hermoso mundo de la música; otra muy importante el haberme podido integrar al mundo de la narración oral. A través de ambas artes es que se me ha presentado la posibilidad de conocer a seres humanos geniales, próceres en lo que a ser tocados por las ondinas refiere, verdaderos objetivos de las musas; que parecen deleitarse con sus talentos.
Más allá del ámbito meramente artístico la vida ha puesto en mi camino (o bien, me ha puesto en el de ellos) de seres maravillosos, que sin haber dedicado su esmero a la creación, son excelentes aliados y referentes a tener en cuenta cuando de ella se trata.
En el día de hoy mis palabras van dirigidas a tres de ellos, amigos para mí, a quienes no tengo la oportunidad de ver muy seguido por lo atiborrado de sus agendas; no obstante, los breves y escasos encuentros que nos permiten nuestras itinerantes e intensas actividades son un grato emoliente para contrarrestar lo agobiante que puede ser el contexto urbano y una atesorable fuente de inspiración para avanzar en el oficio del cuenta cuentos, del cantor a lo poeta y como poeta popular.
Me refiero a Rafael Contreras, Daniel Gonzalez y Danilo Petrovich.
Antropólogos por profesión, pero defensores, difusores y revitalizadores de las tradiciones por vocación se han destacado por un prolífico trabajo en cuanto al registro y materialización de aspectos de la cultura nacional que parecían, otrora, olvidados. Unos espíritus muy humanos, además.
En lo personal me cuesta hablar de su obra de forma objetiva, sin que sea evidente el gran aprecio que les tengo y lo mucho que disfruto conversar con ellos sobre formas de canto, melodías, toquíos y otros maestros cultores a los que han tenido el placer de entrevistar y de conocer. Y es allí donde, justamente, destacan. Su trabajo es honesto, sincero, sin afán de apropiarse de lo que por siglos ha pertenecido a la Historia del país, inclusive, antes de que le dieran nombre y lo dividieran territorialmente.
El trabajo de Contreras, Gonzalez y Petrovich es de gusto tanto del mundo académico como de los mismos cultores con que se relacionan. Hay una relación cariñosa en el trato con el cultor, con el alférez, con el poeta que, naturalmente, deriva en una amistad. Aunque parezca de perogrullo, no es una característica por la que hayan nacido la mayoría de las recopilaciones ni de la que puedan jactarse muchos investigadores.
Otra característica que me parece importantísima es que su trabajo tiene frutos concretos para quienes son objetivo de sus visitas a terreno, ya sea libros, material audiovisual y/o discos. Los que llegan a manos del mismo “investigado” y le permiten apreciar el impacto de su rol, la importancia de su oficio, hacerse conscientes de lo necesarios que son para una sociedad como la nuestra; donde no se tiene orgullo ni certeza de las propias raíces y se dedica poco tiempo a averiguar de donde venimos.
Para cerrar la columna de hoy recomiendo echarle un vistazo y oír los productos que han creado sus intelectos y sus manos. El imponente libro Será hasta la vuelta de Año, excelente acercamiento al Baile Chino del Norte Chico. El disco doble No es permitido de Dios que esta Flor Permaneciera dedicado exclusivamente a la tradición religiosa del Velorio del Angelito. El disco el Iris de la Bonanza, obra que registra a uno de los cultores más insignes del canto autorizado, Don Pedro Tapia, un maestro de la guitarra traspuesta habitante del Pedernal, comuna de Petorca. Canto Nuestro que estás en la Tierra, grabación donde le guitarrón chileno se luce en manos de uno de los más productivos cultores dedicados a la enseñanza de su ejecución al estilo campesino, el pircano Alfonso Rubio, mi maestro.
Algunas de ellas son de acceso a través del soundcloud de Museo Campesino en Movimiento, en el universo del internet.
Podría seguir días y días mencionando objetos culturales realizados por estos investigadores y amigos, sería muy probable que al terminar la lista hubiera que agregar alguno de reciente creación.
Cierro esta columna agradeciendo el esmero puesto tras todo ello, soy testigo de las miles de horas de trabajo que ha requerido llevar a cabo cada proyecto.
Cierro esta columna reconociendo la honestidad, la lealtad y el empeño por respetar y hacer crecer nuestro patrimonio. 

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