Estabilidad del cambio

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Todo padre, no solo experimenta cambios físicos evidentes sino que a lo largo del tiempo cambia su imagen para con sus hijos. Al principio lo es todo, un semi dios, luego baja del olimpo para ser un súper héroe todo poderoso. Se transforma en un simple mortal como los demás, para después de caerse estrepitosamente del pedestal en donde estuvo inmaculado durante un breve tiempo, llegar a ser el peor de todos y hacia el final, ser normal para terminar siendo poseedor de una sabiduría tranquila que solo los años de vida pueden enseñar. Lamentablemente cuando ya no está, vuelve a ser el súper héroe que en realidad siempre fue.
¿Qué mejor ejemplo de lo cambiantes que somos tanto para juzgar a otros como para juzgarnos a nosotros mismos?
Vivimos evaluando para colgarle etiquetas a todo y a todos. Probablemente en un intento de entender lo inentendible, lo clasificamos y ordenamos en categorías variopintas tratando en vano de predecir comportamientos futuros.
El no saber, distinto de la ignorancia, por siempre ha sido la gran problemática de todo individuo. Nos encanta jugar a ser dioses poseedores de la verdad y por tanto, unos dioses controladores.
Es verdad que somos dioses por nuestra capacidad de creación pero a la vez, no nos damos cuenta de nuestras limitaciones enceguecidos por nuestros sueños de grandeza imposible.
El afán aspiracional generalizado es indesmentible e incluso, en su justa medida, necesario para desarrollarse pero lamentablemente cada vez más son quienes se enfocan tanto en la meta que son incapaces de disfrutar del recorrido. El tiempo invertido en juzgar, es infinitamente superior al de actuar. En una postura auto complaciente, solemos usar las mejores etiquetas para nosotros mismos y destinarle al resto lo que queda.
La vida es eterno cambio, lo sabemos. La historia ha demostrado que en esencia el ser humano se adapta a cualquier condición por precaria que esta sea. Si bien es cierto adaptarse al lujo y la opulencia es de sumo fácil y por supuesto agradable, a veces debemos adaptarnos a esos contratiempos que nos forman como personas, a diferencia de las facilidades que las más de las veces, nos deforman.
Es imposible cambiar de plano nuestras actitudes diferenciadoras en relación a otras especies vivientes pero con voluntad somos capaces de modificarlas gradualmente hasta llegar a un adecuado punto de equilibrio. No es tan difícil el hacer que aflore ese dios positivo que todos llevamos dentro y dejar salir más bondad que egoísmo.
Bajo la premisa indiscutible de que nunca somos lo que fuimos ni lo que seremos, alimentados por las experiencias del transitar por esta vida, tratemos al menos de ser constante cambio enfocado en mejorar.
No existe nada más insoportable que "el nuevo rico" ostentando ese nuevo estatus de poder adquisitivo que nunca tuvo. Al comprar tanto lo que no necesita y sobre todo, ostentarlo, no se da cuenta que también está comprando la antipatía de su entorno. Bien por el que logró superar limitaciones del pasado pero mal por el que no se da cuenta como el cambio tiene dos caras.
Solo el cambio es estable y aprovechémoslo en nuestro favor.

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