Tìrate una paya

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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En el mes de Septiembre es la época del año en que más amigos tengo, o mejor dicho, más personas de acuerdan de mí para que les solucione alguna urgencia. Aunque durante todo el año mi empeño y trabajo está orientado a defender, difundir y mantener las tradiciones chilenas, muy pocos son los que, efectivamente, quieren aprender de ellas y entenderlas con el respeto y dedicación que merecen.
En mi calidad de guitarronero, cantor a lo poeta, narrador y payador trato de que mi proceso de aprendizaje no se detenga y gran parte del mismo se nutre, justamente, de enseñar.
Innovar, dentro lo que es el estilo de los antiguos permite, es otra de mis principales motivaciones, pero profundizaré en ello en alguna otra columna que a futuro redacte.
Volviendo a tema, mi correo recibe una cantidad de mensajes inusitada, mi teléfono suena con mucha frecuencia y el interés en mi trabajo aumenta en virtud de que puedo ser “útil” para las pretensiones de un sin número de individuos que se acuerda del patrimonio solamente en el mes de la Patria.
Pero, como tengo una responsabilidad que me tomo muy en serio y una misión que pocos tenemos la valentía de abordar, no siempre estos contactos terminan bien. Es doloroso en grado sumo el recibir el llamado de alguien que solo te busca por interés y que, además, deja en claro que jamás ha prestado atención a aquello que con tanto cariño uno explica, comenta y comparte como es la paya.
Siempre que tengo ocasión explico que la paya es un diálogo improvisado entre cantores, con una métrica precisa, con una forma establecida no por mero azar. Una instancia para medir y enfrentar ingenios entre quienes cultivamos este arte; haciendo contraste con lo que nos quieren hacer creer los medios y la televisión, que es una simple serie de rimas sin sentido aparente realizadas por mera diversión; concepto que es el que el ciudadano común maneja, víctima de un sistema que lo único que busca es que seamos unos huérfanos culturales; que fomenta la ignorancia con tal de tener sometidos a unos borregos que ojalá no lean, no se informan y no valoren lo propio.
Y si, a veces, parece una lucha muy solitaria contra un ente invisible con muchos más recursos que aquellos que trabajamos honesta y dedicadamente.
A modo de ejemplo, cuando elmostrador.cl publicó mi columna ¿Paya-hop? recibí severas críticas, me enviaron amenazas durísimas vía redes sociales, fui tildado de envidioso, de grave, de usar palabras rebuscadas, de ser poco flexible, de ser mañoso; por el simple hecho de transparentar que ese dúo humorístico (cosa bastante cuestionable) desarrolló sobre el escenario del Festival del Huaso de Olmué un espectáculo denominado por ellos mismos como paya, sin mantener ninguno de los protocolos que tal ejercicio y oficio requiere.
No estaba inventando nada, son tradiciones centenarias más antiguas que el mismo nombre de Chile; no obstante, es más fácil descalificar y echarse al bolsillo al que sabe un poco más antes de reconocer la propia carencia de conocimiento en un área determinada (otra herencia de un período de gobierno donde se pasó por encima de los derechos humanos).
Luego, ¿el intolerante y falto de respeto es quién hace patente esta aclaración?, ¿es poco humilde quién defiende un oficio sin permitir que lo manoseen y tergiversen? Inaceptable.
Que la televisión, los periódicos y todo lo que es masivo use eso a su favor es entendible, pues les trae réditos, que es lo que a la final buscan. Claro está que si norte fuera asumir el rol de ser un verdadero aporte a la cultura, lo podrían venir haciendo desde muchas décadas atrás, pero eso no les provoca ningún interés.
Ante ello, resignación.
Lo más triste, artero y decepcionante es cuando un colega (de la música, la narración, las artes escénicas o el canto) asume esa perspectiva falsa y manipulada como si fuera la verdad. Es una herida profunda a corazón abierto el escuchar de su parte la ultrajante frase: “Tírate una paya”. Sobre todo cuando uno es insistente hasta el cansancio en difundir lo que es en realidad en cuanto evento tenga a la mano.
He debido desechar ofertas de trabajo, apariciones en televisión, radio, el mundo del internet y tantas otras cosas por la falta de humildad de personas que no están abiertas al diálogo y que, erróneamente, piensan que en este mundo todo es dinero. Jamás denostaré un arte y la transformaré en basura irrelevante con tal de figurar.
Quizá me muera pobre, quizá mi rostro jamás llegue a ser portada de un diario, tal vez nunca sea famoso.
No me resulta relevante; lo que si tengo claro es que el día que me reúna con el gran arquitecto no podrá decirme que mi honestidad es cuestionable.
Aún existimos personas con valores, pero sin precio, en este mercantil mundo.

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