Verbo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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En el principio era el verbo, y el verbo era con dios, y el verbo era dios".
Sin necesariamente comulgar con algún credo especifico o religión oficial, en la mayoría de los textos que se toman como basamentos de una religiosidad dada, sino en todos, existe una sabiduría indudable bajo formas de parábolas, asociaciones varias, discursos interpretativos, palabras...
La todo poderosa palabra está en la base de todo lo bueno y sublime, de todo lo bueno pero cuidado, de todo lo malo e intrínsecamente negativo también.
La palabra adecuada en el momento preciso es capaz de mitigar las penas hasta llegar a esbozar alegría en cualquier alma en pena merecedora de toda la dicha, pero la lengua también puede ser la más despiadada de las armas destructoras. Una lengua afilada lo corta todo.
El verbo solitario es estéril, es incapaz de construir realidades pero compartido, ha logrado hacer avanzar a la humanidad en lo material y sobre todo, en lo espiritual.
Para compartir se necesitan al menos dos.
Escribir para guardar lo escrito en el fondo de un cajón es lo mismo que declamar poesía en el medio del más árido de los desiertos.
Buena escritura, buena lectura, buenos sentimientos, buen presente y mejor futuro son las consecuencias indesmentibles de la palabra compartida.
Sin ser poeta ni un literato destacado, sin necesariamente escribir ni discursear, basta con dejar fluir los sentimientos hechos sonidos inteligibles por un interlocutor para que la magia de la comunicación sea posible.
Afortunadamente no hemos olvidado hablar ni escribir, al menos en lo formal pero lamentablemente, así como en los supermercados los envases atraen al consumidor más que los contenidos, la palabra bien envuelta en papel de regalo es capaz de engañar a nuestro intelecto y lo peor de todo, seducir a nuestros sentimientos.
¿Cómo podemos entonces entender y responder de manera adecuada a lo que está escondido detrás del regalo en promoción?
¿Cómo podemos descifrar la verdad del mensaje?
No dejarnos engatusar por cantos de sirenas ni movimientos de serpientes sordas.
¿Cómo podemos enterarnos de la verdad?
Sin parecer un entrenador de futbol haciendo declaraciones fatuas antes o después de un partido, la fórmula es sencilla; necesitamos entrenamiento.
Escribir, escuchar, volver a escribir y volver a escuchar hasta que seamos capaces de leer entre líneas, descifrar los mensajes ocultos y entender, por fin entender.
Quizás las sirenas tengan algo de razón y la serpiente no sea la única responsable de nuestra expulsión del paraíso,... quizás.
Solo lo sabremos y más que saberlo, lo sentiremos, cuando hayamos sido capaces de dominar al menos en parte, el poder de la palabra.
Todo sirve; desde cuentos infantiles que evidentemente son más de lo que aparentan por su trasfondo de enseñanza universal, hasta las noticias difundidas por los medios de comunicación masiva, las cuales debemos confrontar con otras líneas editoriales antes de sacar nuestras conclusiones, pasando por los grafitis urbanos como gritos de la sociedad contemporánea.
Todo sirve para entender el poder divino de la palabra con su dualidad de creación/destrucción.
Amén.
 

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