Cerezos perdidos

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Los cerezos en flor son en esencia arboles fuera de contexto; parecen estar perdidos en el tiempo y en el espacio porque florecen aun estando en invierno adelantándose de manera premonitoria a la primavera que llenará el paisaje con los colores de la nueva vida. Sus flores tienen pétalos muy frágiles que tras una corta pero lucida exhibición, caen marchitos al suelo como si de nieve se tratase. Que espectacular nevazón de vida nueva.
Cuando todo se nos hace plano, sin variaciones, rutinario, en definitiva aburrido y para nada motivante, no existe nada mejor que una buena sacudida a la normalidad para sacudir también nuestra creatividad. Claro está que esa sacudida pocas veces llega de manera natural como las flores de los cerezos, tenemos que buscarla, inducirla, forzarla. Lo peor es entrar en un ostracismo hermético que solo nos permitirá ver nuestra propia concha desde el interior, que aunque sea del mejor nácar, por la obscuridad del encierro, no la podremos apreciar. En esos momentos de nula creatividad, lo mejor es salir de nuestro encierro abriéndonos al mundo y a las posibilidades. Ver, oír, oler degustar, tocar, llevar nuestros sentidos al protagonismo del primer plano, haciendo un paréntesis en el stress de la vida contemporánea, permitir que ellos sean nuestros guías.
No podría firmar ningún papel de tipo legal asegurándolo, pero en un estado de permisiva sensibilidad, las posibilidades de atrapar con nuestra red de mariposas alguna de esas musas que revolotean de manera desordenada por ahí, aumentan considerablemente.
Como en un chiste viejo, por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo. Una crisis creativa nos puede llevar al punto de ni siquiera tener la ocurrencia o la voluntad mínima como para hacer el esfuerzo de salir de ella.
En mi vida como arquitecto, el mejor de los consejos que jamás recibí fue: "Si no se te ocurre nada, dibuja, y si aun así no se te ocurre nada, sigue dibujando" En el fondo el consejo apuntaba al movimiento. Permanecer estático ante una situación negativa, no hace más que extremarla y perpetuarla en el tiempo. Solo el movimiento, aunque sea errático, nos puede sacar de ella.
Al principio no cabe duda de que será un movimiento complejo, sin rumbo, pero al poco andar, el camino se irá esclareciendo transformándose en una alternativa viable de seguir. Los trazos desordenados del principio, poco a poco se irán ordenando hasta transformarse en ideas con las cuales se podrán ejecutar los planos que permitan materializar espacios.
Hasta el más insignificante de los puntos, al ponerse en movimiento se transforma en línea que al moverse será plano y este, conjugándose con otros planos, podrá crear los espacios donde el hombre desarrolle su actividad. Hasta el más insignificante de los puntos puede transformarse en la más espectacular de las obras.
No es casualidad que los cerezos florezcan a finales del invierno, son un anuncio de que la vida se renueva y si tenemos suerte, chocaremos desprevenidamente con uno de ellos para quedar debajo de una intensa nevazón de pétalos blancos que despierten nuestra creatividad dormida en el frío invernal del letargo estático.

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