Demonos un tiempo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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La mayoría de nosotros hemos dicho o usado esta frasecita alguna vez, ya sea como excusa barata o como un intento de evasión para salir momentáneamente de una situación incomoda, desafortunada o indeseada.
Cuando se instala el desamor en la pareja, cuando la solución es esquiva o cuando necesitamos reflexionar sabiendo de antemano que no haremos demasiado por re enamorarnos.
De manera hipócrita también la hemos aceptado sabiendo muy bien el trasfondo bastante parecido al placebo o una mentira blanca. Así como el placebo funciona, la mentira blanca también pero en ambos casos, son salidas cortoplacistas sin real efecto a largo plazo.
El tiempo debe ser de las pocas variables irreversibles y cuando lo usamos de manera improductiva, realmente lo estamos desperdiciando de manera imperdonable, sin ninguna posibilidad de recuperarlo.
Al utilizarlo de manera productiva no necesariamente me refiero a ejecutar alguna acción física porque estar acostado sobre la arena viendo pasar las nubes al compás de la banda sonora del oleaje, también puede llegar a ser de altísima productividad por cuanto podría favorecer la reflexión tranquila. A veces necesitamos escaparnos del bullicio diario para encontrarnos a nosotros mismos en el silencio natural de nuestra alma.
Darnos un tiempo a nosotros mismos si funciona. No es una excusa, es una realidad.
El ritmo desenfrenado de la vida contemporánea ha secuestrado nuestro tiempo, ese que nos merecemos como todos los seres humanos. Hemos desarrollado el síndrome de Estocolmo por cuanto nos mostramos comprensivos y benevolentes con nuestro secuestrador incluso llegando a justificarlo.
¿Cuantos deben levantarse a las 5:30 de la mañana, casi desayunar en pocos minutos, estar más de 2 horas en el transporte público de camino al trabajo, trabajar por 9 horas más horas extras y llegar a fin de mes con un sueldo apenas suficiente para financiar una vida relativamente digna, estar más de 2 horas en el transporte publico de vuelta al hogar, engullir algo a la rápida, ni siquiera digerir noticias basura de la televisión, de sexo ni hablar, dormir apenas para recomenzar al siguiente día y al siguiente y al siguiente...? Esto para la gran masa que está relativamente bien porque existen millones que ni siquiera pueden imaginarse aspirar a una vida con tantos privilegios.
¿Y el tiempo? ¿Cual tiempo?
Debe ser de los bienes más preciados hoy en día.
Nadie tiene suficiente tiempo para nada. Quienes somos seres urbanos soñamos con una vida bucólica en el campo pero no tenemos las herramientas ni la paciencia para movernos al ritmo de la naturaleza; plantar cuando se debe plantar y cosechar cuando se debe cosechar.
En cambio hemos creado invernaderos con luz artificial, abonos, climatizadores, insecticidas, manipulación genética, transgénicos, lo queremos todo para ayer e idealmente para ante ayer, olvidándonos de vivir el hoy.
Ya que es un hecho de la causa lo de la escasez de tiempo, al menos podemos aprovechar los intersticios entre tanta actividad para reflexionar sobre nuestro devenir. No lograremos concebir profundos tratados filosóficos para dar respuestas a todas esas interrogantes a las cuales debemos enfrentarnos en el día a día pero sin duda podremos escucharnos mejor en el silencio de encontrarnos con nosotros mismos.

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