Día del patrimonio para niños y niñas

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Hoy, 22 de Octubre de 2017, tuvo lugar en Chile el Día del Patrimonio para Niñas y Niños, evento que celebra su segunda edición.
Cosechó un gran éxito, si vamos a la cantidad de personas participantes, ya que, de acuerdo a la página diadelpatrimonio.cl, hubo un total cercano a las 300 actividades inscritas para la jornada, las cuales se llevaron a cabo en museos, parques, bibliotecas y otros recintos públicos.
Siendo parte del medio artístico, recibí muchos avisos referidos a al arte de la narración oral vía redes sociales y pude, por fortuna, observar varios a través de transmisiones en vivo realizadas por estos medios. Me dejó atónito ver que en su gran mayoría a manifestaciones artísticas teñidas por métodos y dispositivos foráneos.
Origami, Kamishibai, Susurrador, Pequeños Universos Portátiles, Clown; fueron principalmente lo que avisté en las propuestas que tenían que ver con el arte de contar cuentos, foco de esta columna.
En menor medida títeres y teatro.
Revisé en Unesco la definición de patrimonio y encontré: “El patrimonio cultural en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio. Es importante reconocer que abarca no sólo el patrimonio material, sino también el patrimonio natural e inmaterial”.
Si somos estrictos con el lenguaje (habilidad que cualquier artista de la palabra debiera poseer) dudo que siquiera una décima parte de los tres centenares de proyectos presentados cumpla con la definición.
No obstante, busqué un poco más y me encontré con que uno de los objetivos asociados al patrimonio es que: “Contribuye a la revalorización continua de las culturas y de las identidades, y es un vehículo importante para la transmisión de experiencias, aptitudes y conocimientos entre las generaciones…Podemos compartir expresiones que se han transmitido de generación en generación, han evolucionado en respuesta a su entorno y contribuyen a infundirnos un sentimiento de identidad y continuidad”.
El concepto de identidades me provoca, aún más, confusión.
El de culturas, casi pena, pues si a duras penas podríamos hablar de “chilenidad”; mucho menos probable es poder hablar de pueblos originarios y autóctonos.
Lamentablemente porque no soy omnipresente no podría opinar sobre la totalidad de la cartelera, pero me da la sensación de que en cuanto a identidad hay bastante pobreza y poca honestidad.
Escuché poco relato chileno, campesino y/o tradicional. Nada más que un par de cuentos llamaron mi atención, pero son cuentos clásicos y demasiado manidos, de esos que aparecen en cualquier antología de leyendas populares de nuestro país. Y por la respuesta del público asistente, más extrañeza me causa que sean tan poco conocidos.
Me faltaron cuecas, canto a lo poeta, narración oral de tradición, participación de los Tesoros Humanos Vivos reconocidos por el CNCA hace menos de un mes como tales. Me sobraron expresiones culturales y patrimoniales de otras patrias (de las cuales me cuesta imaginar colaboren a valorar y dar a conocer nuestro patrimonio en sus territorios).
Se les falta el respeto a los conceptos con tal de devengar unas cuantas monedas, de parte de gente que escasamente tiene idea de un oficio, de lo que es la herencia y de lo que es la honestidad.
Sorpresa me causó ver un taller, que tenía como norte el dar a conocer los pájaros chilenos, donde al queltehue se le denominaba traro; nombre correcto del ave, pero en Argentina. Mayor asombro me causó escuchar como “patrimonio oral chileno” un cuento colombiano de García Márquez, en el cual se intercalaba poesía peruana cantada con acompañamiento de ukelele.
Y, la verdad, no sé si es peor presentar esa oferta cultural forzándola en un concepto al que no corresponde o bien, aceptarla cuando se supone que en los lugares participantes hay profesionales especializados que deben velar por el cumplimiento de criterios, indicadores y trazabilidad de la misma.
Algo está pasando en nuestra tolerancia, algo está pasando en nuestra integridad y dudo de que sea algo que nos ayude a cuidar, defender y entender nuestras raíces.
Demasiada levedad en lo escénico y, salvo excepciones, poco cuidado en cuanto a lo que se ofrece al público.
No veo equilibrio entre lo verdaderamente nuestro y lo que “se vende” en museos, bibliotecas y parques como patrimonio. Entiendo que se trata de una dimensión dinámica, adaptable y flexible, pero ¿No estaremos exagerando un poco?
 

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