facebook es mi dios

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Soy usuario de Facebook, como tantos otros. Soy usuario de las redes sociales, como millones de personas alrededor del mundo.
Pero tengo criterio, no creo en todo aquello que se publica, re-publica y comparte en el sitio donde día a día uno suma “amigos” virtuales. Soy bastante analítico y crítico en cuanto leo y me enfrento a un testimonio del tipo que sea y me parece que a veces, el común de la gente, no lo es tanto.
Últimamente se ven funas, descalificaciones, odio extremo con más frecuencia de la que se debiera; casi sin cuestionar las bases lógicas y la intención detrás de un testimonio. Y es que, por fuerza, no debiera creerse en todo lo que se lee en esta plataforma.
Robert Hare, un experto y estudioso pionero en el área de los trastornos de personalidad, de autor del libro Snakes in Suits (Serpientes en traje, según la traducción al español) plantea una estadística inquietante, a la que ha llegado luego de años de investigaciones con respecto a la psicopatía; de entre 100 personas al menos un 1% mostrará evidencia de este comportamiento socialmente perturbado.
Entendiendo por psicopatía una conducta con tendencia a procesar la información sin activación de las áreas que involucradas con la percepción de emociones en el cerebro, orientación a manipular a otras personas, carencia de empatía, nula sensibilidad hacia los sentimientos de su interlocutor e inmunidad al dolor de terceros, entre muchas otras características.
Si bien la cifra de individuos que padecen esta condición (Hare evita hablar de enfermedad) parece baja, se estima que un 10% de la población es afectada por sus actos.
Estoy siendo simplista, lo sé, solo estoy refiriéndome a una forma de comportamiento, cuando el DSM-V incluye centenares de cuadros que podrían servir para argumentar mi punto.
Hoy, donde todo puede ser tergiversado y una foto puede destruir la carrera y pretensiones de una persona, su vida personal y su intimidad, resulta muy cierto que aquello que se publica en la red es imposible de borrar con posterioridad (un ejemplo muy ilustrativo es la historia de Nikki Catsouras).
Es por ello que debemos ser responsables, tanto al publicar como a la hora de opinar y replicar material.
Al parecer cuestionar la veracidad de un testimonio, su objetividad, su motivos tácitos y ocultos resulta un ejercicio que se practica poco.
Uniendo ambas cosas, estadística y forma de relacionarnos con las redes, tenemos un caldo de cultivo de odio, ira desmesurada y dogma.
Haga el siguiente ejercicio: cuente el número de amigos virtuales que tiene, calcule el 1% que plantea Hare, divídalo por 2 (solo por ser conservador) y si la estadística no falla, sabrá con cuantos psicópatas tiene contacto directo.
Ahora extendamos un poco el horizonte, incluyamos narcisismo, paranoias, trastornos esquizoides, personalidad limítrofe y un largo etc.
¿Por qué razón debiera yo creer todo lo que se publica en la red?
No se trata tampoco de dudar de todo, no es la idea caer en el pánico constante. Pero si de ser más cauto.
Facebook es una excelente herramienta de conectividad, cuando se usa bien y con buenos propósitos y eso implica, también, ciertas responsabilidades como usuario. Como todo instrumento, si es mal empleado puede causar males innecesarios.
Con el nivel de presencia que tiene, con el nivel de alcance que ostenta, con los billones de usuarios que día a día le confían sus más preciados secretos y su espacio privado, con toda la información que posee no faltará quien piense “Facebook es mi Dios”.
Y bueno, para todos hay lugar.
Para mí es un utensilio más, que a veces me divierte y a veces no. Que en ocasiones es útil y otras tantas no.
No hay problema con el uso de redes sociales, mientras no sean ellas las que lo usen a uno.  

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