No estaba muerto ni andaba de parranda

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Cada cierto tiempo, al menos yo, me canso de lo que esté haciendo y necesito darme un respiro para recomenzar, esto claro está, si de alguna manera encuentro la motivación necesaria como para retomar el camino que me lleve nuevamente a transitar por la senda abandonada.
No siempre es fácil porque la vida contemporánea nos llena de estímulos que lamentablemente, las más de las veces son negativos.
Basta con ver cualquier emisión televisiva y clasificar las noticias en positivas y negativas. La negatividad gana por un amplio margen. Las alternativas no son muchas; podemos optar por aislarnos completamente de los medios de comunicación yéndonos a vivir una vida bucólica en medio de un campo con pajarillos y un arroyo, cosa bastante difícil para un ser urbano como la mayoría de nosotros o nos transformamos en el bicho raro sin opinión o tratamos de informarnos viendo y escuchando posiciones opuestas para crear nuestra propia opinión.
La sobre carga de información, no toda verdadera, puede llegar a copar la capacidad receptiva de nuestras mentes indefensas, sin dejarnos ni el espacio ni el tiempo necesarios para la reflexión.
El estar híper conectados con todo y con todos, parece una condición inevitable, al menos para quienes vivimos en grandes ciudades donde la tecnología, querámoslo o no, forma parte de nuestra cotidianidad.
Si alguna vez el fuego fue indispensable para sobrevivir al medio ambiente, para las actuales generaciones, el estar sin acceso a internet es una condición catastrófica. En poco tiempo más, el acceso a medios digitales va a ser considerado tan vital como el acceso al agua.
Se nos hace cada vez más difícil lograr el tan desprestigiado ocio, necesario como para vaciar nuestras mentes y volverlas a llenar de ideas. Se ha transformado en una condición condenada por el mercado de la productividad. Teóricamente desde el ocio nada bueno puede surgir.
FALSO.
No creo ser anti sistémico ni menos un revolucionario capaz de atentar contra las reglas establecidas pero el ocio desde siempre ha sido fuente de inspiración no solo para poetas.
Nuestras conexiones cerebrales combinadas con eso tan difícil de transparentar como son los sentimientos, son capaces de relacionar nubes con formas, sonidos con melodías, aromas con recuerdos, texturas con experiencias, gustos con disgustos.
No me refiero solo a lo intangible de eso que llamamos inspiración artística sino de la vida en general.
Tanto artistas como científicos desesperados en un intento de definiciones imposibles, quizás sin buscarlo, en un momento de respiro, descanso u ocio, el nombre da lo mismo, encontraron las pistas como para seguir adelante.
Trabajar incesantemente es estúpido pues nos embrutece así como a un caballo de carreras al cual le cubren la vista como para que solo vea hacia adelante, hacia la meta.
En nuestro caso, esas anteojeras impuestas por el que dirán o el así se hace, pueden incluso evitar que veamos los múltiples atajos o alternativas que la vida nos ofrece, además de no disfrutar del camino por el cual transitamos.
Durante algunos días simplemente busqué formas donde no las hay tradicionalmente, escuché los sonidos de la ciudad que por rutinarios desaparecen a nuestra percepción, casi llego al éxtasis con los aromas de la primavera llena de recuerdos, camine descalzo por la playa para que la arena y el mar masajearan mi andar y me di el gusto de cocinar para unos amigos.
Por eso, no estaba muerto ni andaba de parranda, simplemente me tomé un respiro, fui ocioso durante un lapso de tiempo y ahora escribo.
 

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