Libre albedrío

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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De todas las especies vivientes conocidas, quizás la única capaz de actuar en contra de sí misma y a sabiendas, es la del ser humano.
¿A quién se le ocurriría auto inocularse una enfermedad?
Aventurarse en las profundidades del mar, en las alturas con poco oxigeno o en los infinitos del espacio solo puede ser posible en mentes enfermas.
Afortunadamente estamos todos un poco enfermos o al menos deberíamos estarlo como para, contradictoriamente, llevar una vida sana.
Somos los únicos capaces de salir de nuestra zona de confort como para experimentar e idealmente tener éxito o al menos aprender de nuestros errores.
Somos los únicos capaces de tropezar 2 veces con la misma piedra, con la garantía de que a la tercera vez ya habremos aprendido y podremos sortear el obstáculo con menor dificultad.
Si los cavernícolas no se hubiesen aventurado a salir de las cuevas donde se sentían seguros, lo más probable es que aun hoy en día le tendríamos miedo al fuego.
Hemos sido dotados de manera natural con el Libre albedrío. Lo tenemos pero me da la impresión de que gradualmente lo hemos ido perdiendo por las presiones que nosotros mismos nos imponemos al insertarnos en la sociedad de la cual formamos parte.
¿Cuándo fue la última vez que actuamos en contra de lo establecido a sabiendas de que eso podría actuar en nuestra contra?
Ya sé, la mayoría contestará que durante su juventud. Si se fue joven y no se fue revolucionario, jamás se fue joven.
La juventud aun no deformada por la imposición social, desde siempre ha querido cambiar al mundo.
¿Cuántos movimientos reformistas no han tenido en sus bases a jóvenes?
Si no todos, al menos la mayoría.
Claro que debemos entender la juventud no como un fenómeno irreversible de acumulación cronológica sino como una actitud mental positiva y abierta disposición ante los acontecimientos que nos rodean o que nosotros mismos propiciamos.
He conocido jóvenes estáticos de 25 años que son verdaderos ancianos momificados y personas de más de 60 años con toda la energía de un adolescente hiperactivo.
Es el correcto uso de ese libre albedrio el que nos puede mantener jóvenes hasta el mismo día de nuestra muerte.
No es necesario meter los dedos al toma corriente para vivir nuevas sensaciones y sacar conclusiones de la experiencia pero la gama de alternativas capaces de sacarnos de nuestra zona de confort, esas que se presentan como un desafío, es tan amplia, que tenemos de donde elegir.
Y si no nos atrevemos por nosotros mismos, dejémonos llevar por el entusiasmo de otros.
Subir una montaña hasta el borde del agotamiento para vivir el éxtasis inexplicable de conquistar la cumbre, pasar frio hasta tener los dedos azules por jugar con la nieve que nos permitió compartir el hacer un muñeco de nieve en familia, viajar hasta un lugar donde nos es imposible entender el idioma o hacernos entender con palabras y tener que recurrir al ingenio para comunicarnos, hacer cualquier locura consciente…
No quisiera dar recetas porque todos sabemos muy bien cómo salir de nuestra zona de confort.
No se necesita mucho, solo la voluntad de hacerlo al utilizar el libre albedrío y aseguro, sin temor a equivocarme que los resultados pueden llegar a ser extremadamente satisfactorios.
Empujemos los límites, cada uno de nosotros puede hacerlo.
 

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