Se me vino la noche obscura

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Hace poco me quedé sin trabajo estable, a mi madre la tienen que operar del corazón, a un amigo lo encarcelaron, a mi esposa (pareja, porque después de haber vivido la experiencia de un divorcio, no firmo de nuevo un contrato de casamiento) le robaron en la calle,... todo mal.
¿Qué más? ¿Qué otra cosa podría salir mal?
Murphy acecha con sus leyes indesmentibles del "nunca nada está tan mal que no pueda estar peor".
Prefiero no pensar en la infinita gama de posibilidades como para que esta mala racha continúe. He respirado profundamente y he tratado de ser positivo al pensar que desde el fondo de un hoyo solo se puede ver la salida hacia la luz del cielo.
Por el momento no se me ha ocurrido como escalar las paredes escarpadas de mi problemática actual pero estoy seguro de que el futuro me depara una buena mano. Siempre he pensado que para los seres humanos estadísticamente normales, en todo ámbito la vida es un equilibrio oscilante entre extremos. De lo bueno a lo malo, de lo malo a lo bueno y así hasta el infinito de la existencia.
Mantenerse en la media es lo que más cuesta para llegar a un grado de felicidad no solo deseable sino que necesaria. Se debe estar plenamente consciente que mientras más alto se llegue, más bajo se podrá caer.
No pretendo hacer una apología de la mediocridad para mantenerse en una media sin mayores perspectivas de superación pero cuantos no viven frustrados por no llegar tan alto como quisieran o financian al psiquiatra de turno para transformarse en un laboratorio químico ambulante y poder dormir, poder levantarse, poder vivir...
Hay quienes son felices con lo que tienen y otros que son tremendamente infelices por lo que no tienen.
¿Vaso medio lleno? ¿Vaso medio vacío?
Nunca se puede renunciar a la legitima aspiración de ser más pero cuantos no se confunden al pensar que teniendo más se es más.
Hemos perdido el horizonte del bienestar, ese que suele estar demasiado cerca pero lo alejamos con nuestras ambiciones las más de las veces irracionales.
Como un equilibrista de circo, nos movemos por la delgada línea bajo nuestro andar y todos sabemos que la única red de seguridad que nos protege del desastre, es la red de relaciones sociales con la que contamos, partiendo por nuestra familia, pasando por los amigos, conocidos e incluso desconocidos.
Pero nada, nada es gratis en la vida. Si solo buscamos a quienes nos conocen para salir de un problema, quizás la primera vez funcione pero solo la primera vez. La mejor manera de que esta red relacional sea efectiva, es nutrirla constantemente con nuestro afecto hacia quienes la componen, mostrándonos interesados por la vida de los demás. Pero no como un voyerista macabro capaz de gozar con la desgracia ajena sino como alguien en quien se puede contar para salir de los conflictos del día a día por insignificantes o complejos que estos sean.
Se me vino la noche obscura pero estoy seguro que es una situación momentánea de la cual saldré fortalecido al igual que me ha sucedido en otras ocasiones, primero por una cuestión de actitud y después porque sé que el ostracismo no me puede llevar a ningún lado. Si no busco no encontraré.
 

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