Viejo de mierda

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Jo, jo, jo...
Esa sonrisita se me volvió insoportable en lo que supuestamente fue la época más "feliz" del año, esa en que todo el mundo se endeuda comprando la felicidad para otros envuelta en vistosos papeles de regalo.
No quise escribir en el momento de la contingencia para que mi juicio no fuese influenciado por tanto mensaje de amor y paz auspiciado por marcas.
Las condiciones necesarias fueron cuidadosamente preparadas por el mercado con la debida anticipación, no fuera a ser cosa que el Santa Claus ese, encontrara a los potenciales compradores mal parados y no pudieran dejarlo entrar por la chimenea.
De partida ya no se pueden tener chimeneas por la alta contaminación que producen y del trineo estacionado a las afueras de la casa, ni hablar; la multa sería exagerada. De partida no sé cómo el viejo de barba y colesterol desbordante, amarraría el trineo a un quinto piso. Además, con tanto inmigrante ilegal necesitado de una buena cena navideña, de seguro los renos serian rápidamente acostados sobre una parrilla para servir de platillo principal.
La navidad se ha transformado en el paraíso soñado para los niños y un infierno de pesadilla para sus padres. La carta para Santa Claus de los niños siempre está llena de inocencia y mentiras piadosas en relación a su comportamiento durante el año para conseguir sus lúdicos objetivos y los padres nos esforzamos en demasía por complacerlos aunque sea echando mano al dinero plástico sinónimo de esclavitud.
La publicidad se ha encargado de sembrar en mentes sin raciocinio ni poder de discernimiento informado, la voluntad de tener por tener y nosotros los adultos, por evitarle un trauma al niño, terminamos por traumatizarnos nosotros mismos al ver las cuentas a plazo que llegan puntualmente cada fin de mes.
Nuestro interés por entregar amor envuelto en papel de regalo se ve ampliamente sobrepasado por el interés aplicado a nuestras deudas.
Viejo de mierda, él se ríe mientras demasiados de nosotros debemos sufrir el calvario de todo un año endeudados para en cuanto hayamos terminado de pagar la navidad pasada tener que afrontar estoicamente la navidad presente y vuelta a empezar con el pedaleo de la bicicleta económica.
Mi único consuelo es que la imagen del Santa ese fue concebida en el hemisferio norte donde dada la época del año se le hacen indispensables un grueso abrigo, botas, gorro y guantes que lo protejan del frio y como de este lado del planeta se tomó la idea pero no hemos sido capaces de adaptarla a nuestra realidad climática, el que se ríe soy yo cuando lo veo tan abrigado bañado en litros de sudor por los 30 grados de calor a la sombra.
Ya sé que el pobre viejo de barba tan falsa como las motas de algodón simulando nieve sobre los pinos navideños necesita de ese dinero extra por encarnar al personaje para suplir su pésima pensión de jubilación y sobre todo para re hidratarse al final de una jornada mintiéndole a los niños pero me es indispensable focalizar mi rabia en alguien de carne y hueso para no sucumbir ante tanta felicidad.
Igual esperé con ansias la medianoche para abrir mis regalos.
Jo, jo, jo...hasta la próxima navidad.

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