Hasta cuándo?

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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De tanto en tanto, mi nivel de paciencia es sobrepasado por las circunstancias y mi comportamiento se vuelve contrario al de quien suelo ser, lo que me produce unas ganas incontenibles de gritar a los 4 vientos ¿hasta cuándo? Cosa que por lo demás, hago.
Después del nulo efecto de mi exabrupto, me veo obligado a respirar profundo para oxigenarme, eso sí, tratando de no híper ventilarme y volver a comenzar con lo de siempre, sabiendo que la vida es así; un ir y venir entre problemas y soluciones o al menos intentos de solucionar los inconvenientes de la mejor forma posible.
Aunque a veces pareciera olvidarlo, estoy convencido de mi imposibilidad por cambiar el comportamiento de otras personas si no empiezo por mí mismo, cosa que he ido haciendo paulatinamente pero a veces la estupidez humana, según yo la estupidez de los otros pero jamás la mía, es inconmensurable. Maldigo el error de los otros mientras voy cayendo por haber tropezado nuevamente con la misma piedra, la de siempre.
¿Hasta cuándo creeré que mis problemas son producto del comportamiento de otros?
“La culpa no es del chancho sino de quien le da el afrecho”.
Si al cerdo lo alimentaran con una dieta hipocalórica y los sometieran a una rutina de ejercicios, estoy seguro de que llegaría a ser esbelto y bien formado; el adonis del establo, pero no, al alimentarlo en exceso se asegura un buen costillar. Aunque algo debe haber en su naturaleza, si al cerdo no se le sobre alimentara, sería otra cosa.
Basta con comparar las gallinas de campo con las del supermercado, mientras unas son delgadas y fibrosas, con una carne incluso obscura, las de criadero son gordas, grasosas y de carnes blancas.
¿De quién es la culpa? ¿De la gallina?
¿Mis problemas son producto de mi actuar o de la influencia que otros tienen sobre mí?
¿Somos cerdos o gallinas sin libre albedrio?
Igual podría tratar de cerrar mi mente para no alimentarme de tanta porquería.
Créanme, a veces lo hago, igual que todos, pero solo los Santos, esa invención propagandista de la religión, poseen una santa paciencia capaz de resistirlo todo. Yo solo soy un simple mortal de carne, huesos y sobre todo, sentimientos.
El que la vida nos colme la paciencia solo es una prueba más de las muchas que debemos sortear en este devenir terrenal para acercarnos a esa efímera sensación de felicidad a la que todos tenemos derecho.
¿Hasta cuándo?
Por siempre.
Una y mil veces las situaciones se repetirán como en un deja vu del cual no nos podremos liberar y quizás, solo quizás, en cada nueva pasada, aprenderemos a sobrellevar el contratiempo con un grado superior de paciencia, esa paciencia que solo dan los años de vivencias aleccionadoras.
La edad a la que todos llegaremos algún día, nos dará la perspectiva necesaria para darnos cuenta de que esos problemas que alguna vez nos hicieron la vida imposible, no lo eran tanto; esa roca en el camino con la cual tropezamos una y otra vez, con el tiempo la iremos desgastando hasta que solo se transforme en un pequeño guijarro que nos incomodará levemente, sin jamás desaparecer.
¿Hasta cuándo?
Hasta que aprendamos que nada es tan grave como lo creemos en un comienzo.
 

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