Puertas en manual

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Una vez aterrizados, el piloto les solicita a los pasajeros el permanecer sentados y con los cinturones abrochados hasta que el avión se detenga completamente, esto acompañado por numerosos clicks de quienes no soportaron más y se los soltaron mientras el piloto hacia la ilusa petición.
¿Cuál es el apuro? antes de movernos, tal como dijo el piloto, primero deberíamos detenernos.
Al menos está la mayoría sentada y el que no, rápidamente recibe un llamado de atención para que lo haga.
Luego el avión se detiene y todos se levantan desesperados para atiborrar el pasillo y tratar de sacar sus pertenencias del porta equipajes, todo para salir lo antes posible.
¿Cuál es el apuro? primero deben abrir las puertas y poner las mangas o escaleras.
Una vez abiertas las puertas prácticamente se atropellan por salir.
¿Cuál es el apuro? primero deben sacar las maletas de las bodegas del avión antes de que estén en la cinta transportadora del aeropuerto.
Soy prácticamente el último en salir y como fui de los últimos en embarcarme, no por atraso sino por opción, mi maleta llega de las primeras y me voy tranquilamente mientras muchos a duras penas pueden manejar el stress producto de la impaciencia.
Podría entenderse tal desesperación en un vuelo transatlántico de 14 horas donde las opciones de movimiento, salvo la de ir al minúsculo baño, no son muchas, pero solo fueron 45 minutos en el aire. No es para tanto.
Es el ritmo de la vida contemporánea; ir rápido a todas partes, aunque no sea necesario. Vivir rápido.
¿Y por qué? ¿Para qué?
¡Efecto masa!
La gente del campo pasa gran parte de su vida en solitario o pequeños grupos y tienen la ventaja de poder vivir al ritmo de la naturaleza. Plantar cuando se debe plantar para cosechar cuando se debe cosechar. Aunque hoy por hoy la tecnología ha llevado a forzar los procesos naturales y las estaciones cuentan cada vez menos.
El hombre de ciudad en cambio, se ha debido acostumbrar a perder su individualidad para transformarse en masa.
En el campo la distancia no importa para conocerse los unos a los otros. Kilómetros de separación no importan porque saben perfectamente eso del "hoy por ti, mañana por mí".
En las ciudades en cambio, vecinos de departamentos contiguos con suerte se ven sin llegar a conocerse jamás.
En los estadios, cuando se juega un partido importante, el individuo deja de ser el para tener comportamientos irreflexivos que en solitario jamás tendría.
Hoy en que la mundialización, globalización, o como se quiera llamar, ha hecho de este inmenso planeta una pequeña aldea, la homogeneización pareciera ser el futuro de la humanidad.
¡No! Definitivamente no.
A las hormigas el número las hace fuertes pero nosotros no somos hormigas y nuestra fortaleza radica en nuestra individualidad compartida.
No se trata de convertirse en un ermitaño viviendo aislado del mundo, sino en ser una persona social capaz de aportar y también nutrirse de las capacidades de otros.
Puertas en manual, cross check y reportar con paciencia porque todo se puede si lo hacemos juntos aportando cada uno lo suyo.
 

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