Vejentud

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Los años no pasan en vano, se acumulan sin miramientos, y la infraestructura física que ha soportado hasta ahora mi humanidad comienza a resentir un cierto exceso de tiempo. Es cierto que la he maltratado con algunas enfermedades, huesos rotos y uno que otro exceso, pero yo que me creía invencible, parece que no lo soy tanto. La capa de súper héroe se me está desgastando.
Algunas evidencias claras son esos dolorcillos, sobre todo musculares, antes inexistentes. Sin que necesariamente exista un gran esfuerzo físico de por medio, he descubierto músculos de los cuales no tenía ni la menor idea de su existencia. Yo que era un dormilón empedernido, ahora me despierto mucho más temprano sin razón evidente. Los bostezos demasiado temprano marcan el fin de mi jornada cuando antes recién hubiese estado comenzando.
La farmacia aun no es mi mejor compañera pero siendo precavido, ya averigüé y está a la vuelta de la esquina.
Aunque pretendí negarme ante lo evidente, el estoque final a mi obstinación fue el hecho de que ya no veo bien de lejos, por lo que los lentes ópticos se han convertido en mis compañeros inseparables.
Como siempre, toda realidad tiene dos aspectos, las 2 caras de la moneda, y como en un chiste malo; un lado malo y un lado bueno.
El malo es que me veo obligado a usar lentes para conducir, ver televisión, reconocer amistades a la distancia, ...
El bueno es que si no tengo mis lentes puestos, de lejos veo un tanto borroso y es mi imaginación la encargada de formar la imagen completa de lo que apenas distingo. Como me jacto de tener una buena imaginación, he comenzado a ver la belleza donde antes quizás no la había o simplemente mi buena vista de antaño, no era capaz de apreciarla. De niño tuve un buen entrenamiento mirando hacia el cielo para encontrar formas en las nubes. Primero fueron ovejas, lo más fácil, para después de un tiempo, encontrar universos completos. De vez en cuando, por sanidad mental, lo sigo haciendo.
Los edificios ahora son más interesantes, los modelos de autos se han vuelto espectaculares y por supuesto, las mujeres son cada vez más guapas.
A veces incluso con los lentes puestos, he adquirido la habilidad de, digamos, maquillar la realidad para embellecerla. Rápidamente termino los edificios en construcción, le devuelvo la pintura nueva hasta al automóvil más roñoso y a las mujeres las visto a mi gusto.
Ayuda, sin que se convierta necesariamente en una evasión, la imaginación ayuda mucho para hacer más placentero el día a día.
Puede que no sea evidente, que no sea tan fácil, que nos cueste al principio, pero vale la pena intentarlo. La imaginación, esa que todos tenemos, se debe entrenar para ser potenciada. Todos, todos y cada uno, podemos combinar nuestras experiencias, nuestros conocimientos, nuestros deseos, incluso nuestros fracasos y decepciones, para imaginar una mejor realidad. Después de imaginarla, solo estaremos a un paso de vivirla.
Si se puede soñar, se puede hacer. Quizás nos tome tiempo, pero de seguro podremos.
No esperemos a usar lentes para ver una nueva realidad.
Perdí mucho tiempo y pretendo recuperarlo.
 

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