La chingana chinga

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Este fin de semana me asomé en un mundo al que le tengo mucho cariño y estima, aunque también gran respeto: el universo de la cueca.
Gracias a la gentil y cariñosa invitación de mi amiga Camila Rojas Torres, quien organiza junto a Alex Chinga un espacio especial, de amistad y camaradería en torno a la buena mesa y a nuestra danza nacional.
Como mencionaba antes, no es un área en la que me sienta en mi elemento. La cueca sigue siendo un desafío para mí memoria y rítmica mental, retener las letras y melodías no me resulta una tarea fácil, aunque si disfruto de lo poco que sé del tema y trato de aprender lo más posible y de bailar si es que la oportunidad se da.
Siendo guitarronero hay que tratar de buscar los puntos comunes entre ambas vertientes de la música de raíz y eso fue, en gran parte, catalizado por las exquisiteces que degustan los comensales en el evento la Chingana Chinga. Eso, además de que quienes nos dedicamos a hacer Patria (o Matria) musicalmente hablando somos muy poquitos, constituimos una “fauna” bastante pequeña y donde los nombres se cruzan y repiten en más de un lugar y eso garantiza cierta sensación de unión y de tarea común, cuando se decide y trabaja por dejar de lado el ego.
Debo señalar que lo pasé muy bien.
Una de las cosas que más me preocupaba era, justamente, la comida. No por ser mañoso ni regodeón, todo lo contrario, por ser de paladar demasiado exigente. En este punto no puedo decir otra cosa más que quedé contentísimo y sorprendido en grado sumo. Mis lentejas con malaya estaban sublimes, la ensalada de entrada era una interesante mezcla de colores, texturas y sabores.
La atención fue de lo mejor. En cuanto me senté y me puse a conversar con otros asistentes me pusieron al tanto de ello, lo que, sumado a el regaloneo y los mimos constantes que recibe uno siendo músico, me hizo sentir muy en esencia y valorado como artista.
Ese es otro complemento importante y del que no he hablado. Modestia aparte me pareció muy amplia y bien escogida, pasando por variedad de estilos y formas, pero siempre bajo el sello del folklore y la soltura de estar entre conocidos, casi en familia. Si bien cambian los invitados entre una fecha y otra, merecen ser mencionados, ya que considero que las agrupaciones presentes debieran ser escuchadas con atención.
Quienes primero se presentaron fueron los amigos del “Dúo” Guarda Pampa, compuesto por Geraldine Bruna y Salvador Corvalán, con comillas incluidas ya que en esta ocasión fueron un trío al incorporar en el acordeón a Amaru Burgos. A pesar de su formato simple, de voces guitarra y una pequeña percusión, además del mencionado organillo a teclas, disfruté de la diversa gama de matices y colores que logran al pasearse por las armonías de todos los países que nos circundan.
A continuación, vino mi presentación, didáctica y demostrativa ya que muchos de los allí presentes no conocían el instrumento en profundidad y algunos ni siquiera habían tenido la oportunidad de escucharlo en directo. Se generó un bonito diálogo, muy participativo y respetuoso para con mi trabajo. Me di el lujo de cantar, contar y mostrar mis propias composiciones sin repetir ni equivocarme.
Las Mononas fueron el plato fuerte, ya entrando la noche. Cultivando la cueca en formato de cuarteto con voces, guitarra, acordeón, percusión y contrabajo. A esas alturas los parroquianos querían lo que habían venido a escuchar y, más especialmente, a bailar. Quedé con ganas de escuchar algo más de ellas. Ahora o en un par de años más, ya que seguramente habrán madurado algunos detalles que las alejan aún de un espectáculo perfecto. Tienen mucho potencial y un sonido bastante interesante.
De allí en adelante se abrió la rueda, con colaboración colectiva incesante. Cada quien aportando su sonido, con platillos, pandero, vasos, cucharas, cajón peruano, voz y un largo etcétera constituido por instrumento que empezaron a aparecer de los sitios más inverosímiles.
En resumen, la Chingana Chinga bien vale lo que cuesta. Si le agradan y busca instancias acogedoras y donde esté la ocasión de llevarse a casa nuevas amistades, no se equivocará con este evento.
Se lo recomiendo, que no se va a arrepentir. 

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