Olvido sanador

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Se da que, en un accidente automovilístico, quien conducía con plena conciencia de sus actos, de manera inexplicable no solo pierde los zapatos por la fuerza del impacto, sino también la memoria.
Alguna vez sufrí un grave accidente, no en auto. Mis recuerdos se remontan hasta segundos antes de los acontecimientos y varias horas después de lo ocurrido. Tuve algo así como un paréntesis de memoria.
Como mi voluntad era la de seguir practicando el deporte en el cual tuve el accidente, telefonie a un amigo siquiatra para que me ayudara a recordar. Quería estar consciente de los errores que me llevaron al nefasto resultado para, idealmente no repetirlos.
Me aclaró que, dado nuestro grado de amistad, él no podía atenderme de manera profesional y objetiva pero me podía recomendar a alguien. Primero tenía que consultar con un neurólogo para que revisara si la parte física estaba bien.
Esa visita fue esclarecedora. Después de contarle lo poco que recordaba de lo sucedido, como en un mal chiste dijo tenerme 2 noticias; una buena y una mala.
La buena era que había sufrido un grave accidente con un Tec cerrado y pérdida de conciencia, pero que, de eso, afortunadamente no quedaba ninguna evidencia física. No tenía ningún cable cortado aunque me han dicho varias veces que he perdido un par de tornillos. Eso no importa; me pusieron varios de titanio.
- ¿Y la mala?
-Nunca va a recordar verdaderamente lo ocurrido.
Que el recuerdo necesitaba de algunas condiciones para que una experiencia, buena o mala, se fijase en la memoria.
Repetición: 2 por 2, 2 por 2, 2por 2, ...
Asociación: una mujer con la que nos cruzamos en la calle, la recordaremos mejor si la asociamos con otra persona conocida.
Tiempo: sin necesariamente repetirla, mientras durante más tiempo vivamos la experiencia, más fácil nos será recordar.
Y algunas explicaciones más técnicas que ni siquiera entendí pero que me dejaron claro su conocimiento sobre el tema.
- ¿Y si me hipnotizan?
-Tampoco.
De seguro lo que lograse "recordar" sería una mezcla incierta entre lo que me pasó, lo que me contaron que me pasó y lo que yo creo que me pasó.
Bueno ¿y?
Todo esto es para decir que nuestros recuerdos tienen sin duda una base de realidad pero rápidamente son deformados, maquillados, decorados, exagerados, ensalzados, ... por nuestro sub consciente.
Por más que lo creamos, después de un tiempo nuestros recuerdos se alejan de los hechos reales.
Hasta la más dura de las experiencias, con los años se va suavizando hasta hacerla, al menos soportable. En recompensa, esas pequeñas satisfacciones, por mínimas que sean, tras un arduo trabajo de nuestro sub consciente, se van magnificando.
El olvido adquiere sentido como un poderoso mecanismo sanador.
Si no olvidamos, una experiencia traumática ya sea física o psicológica, se puede transformar en la más infranqueable de las barreras impidiéndonos lograr nuestros objetivos. Aferrarse a un mal recuerdo nos provoca resquemores, odios, animadversiones, limitaciones, ..., nada positivo para nuestras vidas.
La naturaleza y por supuesto la naturaleza humana, son sabias; tenemos el olvido como una "ayudita" para seguir adelante.
Aunque siendo estrictos, nunca olvidamos por completo; de vez en cuando, en ese espacio surrealista de los sueños, nuestro subconsciente, en su lenguaje críptico tan particular, nos envía señales del pasado, quizás tratando de ayudarnos para no cometer los mismos errores y potenciar nuestros logros.
Archivado tal vez, olvidado jamás.
 

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