Aquí se escribe con el corazón

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Fue una alegría grande y hermosa reunirme con mi colega narradora e ilustradora Sofía Calderón Miller, durante la semana pasada, para visitar el colegio Hellen Keller en la comuna de Ñuñoa.
Si bien veníamos trabajando hace meses en el proyecto de poesía popular inclusiva “Aquí se escribe con el corazón” fue la primera vez en que ambos ingresamos al recinto juntos. Es una escuela donde de inmediato se nota un ambiente distinto, propositivo, más humano que de costumbre. Las docentes te reciben con una sonrisa honesta que llena sus rostros de luz, lo que hace, de partida, te sientas muy bienvenido y como un aporte.
Esperamos un rato antes de ponernos a conversar con la Directora Lorena Siqués.
Como quienes me conocen más de cerca sabrán me es imposible quedarme sentado por períodos muy extensos de tiempo por lo que, mientras Sofía esperaba en las cercanías de la oficina de nuestra anfitriona, recorrí todo lo que pude del gigantesco edificio donde tienen lugar las clases y actividades educativas dirigidas especialmente a una juventud no vidente ávida de nuevos aprendizajes.
Encontré varios dispositivos de enseñanza basados en otros sentidos, principalmente el tacto. Me asombré con una enorme imprenta de principios del siglo pasado destinada a hacer libros en Braille, encontré un patio gigantesco que em deleitó por su tranquilidad, me sorprendí con la gran cantidad de plantas que había en todos los rincones de pasillos, salas y oficinas, tuve frente a mi una vitrina de considerables dimensiones donde permanecen un sin número de trofeos de participación y/u obtención de campeonatos deportivos de la más diversa índole.
Y poquito a poco fui internándome, o creyéndome internar, en la mente de las personas a quienes sus ojos físicos no les permiten ver lo que les rodea; a esos seres humanos a quienes de forma inapropiada denominamos ciegos solo por que no ven de la forma en que la mayoría lo hacemos.
Me topé con una niña que me dio que mi voz era muy risueña; nadie me había dicho algo tan lindo previamente, de seguro porque previamente mi voz había sido algo secundario en un mundo donde las apariencias físicas son lo primero a lo que nos aferramos a la hora de elaborar una primera impresión de alguien.
Logré volver al lugar donde inicialmente había comenzado mi misión de exploración, reencontrarme con Sofía y darme cuenta de que Lorena ya podía recibirnos.
Accedimos a su oficina. Un enorme escritorio de fresno, elegante e imponente, fue lo primero que llamó mi atención.
Nos sentamos en una mesa donde, producto de mi torpeza, golpeé mi rodilla con una de las patas, para finalmente caer en cuenta que se trataba de varios muebles de máquina de coser agrupados. Hermoso e ingenioso.
Lorena nos comentó sobre la realidad de los niños del establecimiento, de sus actividades extra-programáticas, de los obstáculos a vencer a diario, de los desafíos que la escuela tiene.
Poco a poco empezaron a aparecer en mi mente cosas que uno ignora y pasa por alto con respecto a la realidad de alguien con discapacidad visual. Mucho se habla de inclusión, de solidaridad y de integración de todo ser humano, pero la verdad es que estamos demasiado distantes de su vulnerabilidad, de sus problemas y de como podemos hacerles la vida más grata, no por que seamos poco sensibles, sino porque solamente somos ignorantes.
Conversamos luego, de forma muy sucinta, acerca del sistema Braille.
Del fomento lector en la población con limitaciones visuales, del material educativo, sus costos y el difícil acceso que pone barreras a su disponibilidad.
No recuerdo como, ni específicamente cuando, pero en algún minuto Lorena estaba tecleando nuestros nombres en algo parecido a una máquina de escribir. Con menos de 10 teclas, nos contó, se puede dominar todo el abecedario Braille.
Escribió nuestros nombres con el implacable aparato que, con un seco golpe, marcaba relieves en el grueso papel.

Mi nombre se escribe así:

. . . . . . . .
. . . . . . . .
. .

Y si, costó escribirlo. Aunque, sin duda, es un problema que no se puede comparar a todos los resto que a diario debe enfrentar un ser humano a quien se le ha negado la visión.
Espero poder contribuir a su formación, a su calidad de vida, a enseñarles algo provechoso. El proyecto Aquí se escribe con el corazón, no tiene otra finalidad más que estos humildes objetivos que he mencionado.
 

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