Pan y circo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Durante la última semana del mes de febrero en mi país, se lleva a cabo el Festival Internacional de la canción de Viña del Mar. Tiene como eslogan el de ser el festival de festivales.
Durante una semana mi país solo es festival. Nada, nada es más importante que el color del vestido de la animadora o el ultimo hit cantado por el artista del momento.
Todos los medios de comunicación dejan todo de lado para concentrar todos sus esfuerzos en cubrir cada variable del bendito festival.
El índice de desempleo pasa a un segundo plano opacado por el desfile de celebridades del espectáculo y mucho bicho raro pululando en torno a ellos, el problema de los inmigrantes ilegales desaparece bajo ritmos contagiosos, nadie se acuerda de la utópica educación gratuita y de calidad cuando lo más importante es el nulo contenido de un regaetón.
Pan y circo dicen. Pan y circo tienen.
La vieja fórmula sigue tan válida como en la época del circo romano cuando los gladiadores cumplían con su función distractora para desviar la atención de los reales problemas del imperio matando o haciéndose matar para lavar con su sangre la responsabilidad, ineptitud o simples caprichos del Cesar.
Puede que en nuestro entorno inmediato no haya tanta sangre pero el sufrimiento es innegable. De un mordisco un león mataba a un cristiano pero en nuestra sociedad contemporánea el sufrimiento es sostenido en el tiempo, stress le llaman.
Obreros que se levantan antes del alba para montarse en un transporte público por más de 2 horas hasta llegar a su lugar de trabajo y después de 9 horas de labor, gastar otras 2 horas de su vida solo para volver a lo que tildan de hogar donde toda su familia disfuncional está pegada al televisor para evadirse de una realidad indeseable.
Las luces encandilan tanto como los dientes del animador y el humo casi nubla tanto la vista como el escote de la animadora.
No estoy seguro pero dadas las experiencias anteriores, mientras la atención está centrada en el espectáculo, de seguro en el congreso aprobaron una ley para favorecer a quienes desde la punta de la pirámide no solo pisan las cabezas de quienes están abajo sino que son los ilustres auspiciadores de tan magno evento.
Mientras las fieras rujan en el circo y el público se deleite en el voyerismo de alfombras rojas que nunca tendrán la oportunidad de pisar, roma se puede incendiar sin la menor oposición.
Mientras las franquicias de comida rápida hacen engordar nuestras anatomías al punto de transformarnos en un problema de salud pública, los medios de comunicación se encargan de hacer adelgazar nuestro juicio a niveles de anorexia intelectual.
Más de alguno dirá que al público solo se le entrega lo que el público quiere pero si se desconocen alternativas difícilmente se puede escoger.
Estamos en un circulo vicioso de pensar cada vez menos como una forma de escapar del amenazante stress, circulo desde el cual solo el arte nos puede mostrar alternativas de escape.
¿Pan y circo?
De acuerdo, pero que el pan sea más que harina, huevo y agua, y que el circo deje de ser solo la exhibición de una mujer barbuda para transformarse en la entrada a un mundo de fantasía que estimule nuestros sentidos y desde el cual podamos reflexionar sobre las cortinas de humo que eternamente nos ponen pata evitar que veamos lo evidente.
 

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