La vaquita margarita

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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No estoy tan seguro de si al momento de comernos un asado nos comunicasen que la vaca recostada sobre la parrilla se llamaba Margarita, el gusto del jugoso pedazo de carne en nuestra boca, tendría el mismo sabor. Lo más probable es que tendríamos que tragar cada bocado con un buen trago de vino.
Seguramente la imaginaríamos pastando en un prado bucólico, rodeada de pajarillos y seguramente, hacia el final de la tarde, acompañando a una niñita a disfrutar de una puesta de sol anaranjada tiñendo suaves lomajes.
Por el solo hecho de nombrar las cosas, están cambian de categoría. La vaca, por ejemplo, puede pasar fácilmente de ser un delicioso alimento por digerir a una tierna mascota de quien apiadarse.
Conociendo el fantástico poder de las palabras, algunos hacen uso y abuso de ellas hasta llegar a desvirtuar la realidad del mensaje, por supuesto, en directa relación con su conveniencia.
Por estos lares, los trabajadores ya no son despedidos, son desvinculados, aunque eso no disminuya el impacto emocional de quien es cesado en sus labores. Hace un tiempo atrás, a un ingenioso personero de gobierno se le ocurrió llamar eventos a los hoyos de las calles, pero los autos seguían rompiendo amortiguadores al caer en esos verdaderos cráteres. A los ancianos ya no se les llama como tales, ahora son personas de la tercera edad a pesar de que por siempre han sido los ancianos quienes han sido los poseedores de la sabiduría.
Supe que los masones no mueren, pasan a decorar el oriente eterno pero los gusanos que saben poco de poesía se los comen de igual forma, a menos que los incineren y ahí sí que aportarían con su luz.
Suma y sigue.
Alguna vez, con un grupo fuimos a contar cuentos a una biblioteca para ciegos y nuestro dilema era como llamarlos ¿Personas con capacidades visuales diferentes, con discapacidad visual, con deficiencia visual…?
Me animé a lo que seguramente podría convertirse en un desastre de mala educación por mi falta de tacto. Simplemente les pregunté sin rodeos de como querían que los llamásemos y la respuesta fue de toda obviedad; “Ciegos, llámennos ciegos porque somos ciegos”.
El manejo del lenguaje es elemental para lograr nuestros objetivos ya que una buena idea mal expresada seguramente jamás se verá concretada mientras una mala idea bien expuesta, puede materializarse en el mayor de los desastres.
No se trata de engañar, aunque algunos lo hacen de manera magistral, sino simplemente de comunicarnos efectivamente. Sin dobles discursos, sin malos entendidos, sin mentiras, sin herir, simplemente con lo que consideramos como nuestra verdad, bien dicha para ser entendida sin dificultad.
También debemos estar atentos para no ser seducidos por la serpiente del lenguaje floreado vacío de ideas, ese que nos maravilla por su increíble fluidez y expresividad pero que al final del día es incluso peor que el silencio porque no nos transmite nada sobre lo cual reflexionar.
Evitemos los eufemismos y también las palabras despiadadas.
Ahora espero no ser desvinculado por divagar durante la jornada de trabajo ni caer en un evento camino a casa porque la tercera edad me espera a la vuelta de la esquina y quien sabe, en un futuro incierto, pase a decorar el oriente eterno junto a la vaquita Margarita.

Eufemismo: nombre masculino.
Palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca.
 

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