Juegos de mesa

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Hay muchas formas de leer, muchas.
Lo impreso, el braille, las partituras, los kanjis, las señales del tránsito y un largo etcétera.
Últimamente me he visto enfrentado a un mundo que mezcla todas estas formas en distintos niveles y matices: los juegos de mesa.
Invitado por mi primo Ricardo Ortega como un participante a su grupo de amigos hace algunos meses, comencé a interesarme por la ciencia ficción, las cartas, la estrategia, el azar, las probabilidades y como no, la suerte.
Con una frecuencia aproximada de una vez a la semana empezamos a reunirnos con George Vallejos, Eduardo Buigley, Sebastián Silvestre, Pedro Hamid y mi primo Ricardo a jugar.
Luego vino el conocer (o reconocer en algunos casos) juegos como Pokemón TCG, Blood Rage, Spartacus, Exploding Kittens, X-Com, Dead of Winter, Epic, Scythe, Las mansiones de la locura, Zombie Dice, Bang!, Magic, Game of Thrones y una larga lista de otros que a veces se quedan en el tintero por ser menos cercanos, aunque igual de desafiantes y cognitivamente intensos.
Muchas otras plataformas de juego vendrán, lo sé.
Pienso, aunque no tengo claro si ha sido estudiado el fenómeno, que en estas noches de juego sin querer; aparece el fomento lector.
Primer paso es interpretar un manual, en ocasiones más largo de leer de lo que dura propiamente una partida completa, en primera instancia apócrifo. No siempre bien detallado o traducido, para absorberlo a cabalidad y transmitirlo al resto de los comensales (en esta fase Silvestre se luce). Aún cuando el manual esté dominado del todo y se entienda perfectamente el uso de las reglas que incluye, siempre habrá una eventual jugada o condición que lo ponga en jaque. ¿Qué hacer en esos casos? Interpretar entre líneas y acordar reglas suplementarias para próximos encuentros.
Luego viene el deleite de los sentidos que se inundan de ilustraciones, relieves, figuras en miniatura, texturas, sonidos y otras cosas que estos tableros incluyen a su alrededor. Es otra forma de leer, pero que sigue siendo lo que la lectura es en el fondo: un mensaje a transmitir desde un cierto código previamente propuesto.
Más tarde hay un leer y comprender las reglas más allá de lo obvio, entender que permiten y no permiten para usarlas a nuestro favor y salir victoriosos en una partida. Una forma de lectura más sutil y desafiante que la anterior, pues consiste en llevar los protocolos al límite y comprender la estructura de juego y sus variables en conjunto en un nivel más acucioso que el mero desarrollo de una partida. Aquí hay variantes, dependiendo de si el juego es cooperativo o no, si existe un único ganador o todos los participantes deben enfrentar las mismas vicisitudes en conjunto. ¿Por qué la diferencia? Simple, cuando un personaje quiere salir victorioso puede intentar engañar al resto usando su lenguaje corporal, develando intenciones acerca de su estrategia para luego emplear otra muy distinta, buscar alianzas que no necesariamente respetará más adelante y otras variantes numerosas que conocemos en la cultura popular como bluff. Predecirlas anticipada y adecuadamente es otra forma de lectura, sin duda.
Inclusive, existen juegos que justamente, buscan que inventemos historias. En más de una ocasión he visto a alguien consultando un libro para desempeñarse en ellos.
Algunos ejemplos: los célebres Story Cubes (que en lo personal han contribuido mucho a mi desempeño como narrador y payador), el famosísimo y premiado Dixit, Sí, Señor Oscuro (juego donde la mejor excusa resultará ganadora) y Érase una vez, que consiste en, justamente, contar un cuento de forma colectiva de acuerdo a ciertos objetos y palabras que recibiremos en nuestras cartas.
Aunque estos últimos casos son, efectivamente, fomento lector puro cuando son adecuadamente implementados; insisto, en todo juego de mesa existe algo de fomento lector. Creo que en ese sentido los narradores y cuentacuentos estamos un poco en deuda con ellos y hemos sido lentos en incluirlos en nuestras labores. No nos hemos dado cuenta de un gran detalle: a todo el mundo le gusta jugar, pero no a todo leer.
¿Qué pasaría si asociamos ambas cosas? Pronto les contaré mi experiencia, pues ya me encuentro trabajando en algún proyecto de fomento lector desde el juego, con historias improvisadas.
Bonito desafío que espero llegue a buen puerto.
 

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