Mosquitos a media noche

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Existen algunas cosas que francamente me enervan demasiado. Por ejemplo, no soy capaz de escuchar el piar de un pollito por más de un minuto. La inocencia del pequeño animalito representado millones de veces en adorables peluches, rápidamente se me transforma en un sonido insoportable de una bestia asquerosa.
Aunque lo que francamente lidera el ranking de mis manías acústicas, es el sonido provocado por el sobrevuelo de un mosquito a media noche. Lo que comienza como un zumbido prácticamente imperceptible provocado por esas alas diminutas, rápidamente se convierte en un martirio absoluto que espanta toda posibilidad de dormir. Es peor que la monotonía de una gotera ya que cambia de intensidad constantemente y obliga a mis sentidos a estar atentos ante la posibilidad de que se pose sobre mi piel para picarme. No vivo en un país tropical por lo que los mosquitos no transmiten ningún tipo de enfermedad, ni siquiera me preocupa la molesta irritación que sé a ciencia cierta, me provocaría su picadura, es únicamente el sonido, ese maldito sonido. Antes de escucharlo por primera vez, simplemente no existe, pero después de haberlo detectado, ya no lo puedo sacar de mi mente y solo puedo concentrarme en su sobre vuelo.
Sé que mientras no lo elimine, no podré dormir y como por su diminuto tamaño no es tan fácil encontrarlo, se convierte en un martirio que fácilmente puede transformarse en vigilia.
Muchas insignificancias añadidas pueden transformarse en una gran distracción capaz de acaparar todos nuestros sentidos.
Una pequeña gotera repetida durante siglos, puede llegar a perforar incluso la roca más dura.
El dicho de la piedra en el zapato, por algo es.
Ya mencioné un mosquito, una gotera, una pequeña piedrecilla…todas razones físicas de distracción.
¿Y qué pasa con esas distracciones inmateriales?
Los odios, los amores, la incomodidad de una situación que no nos permitimos olvidar.
¿Será un acto propio de ese masoquista que todos tenemos dentro?
La razón no importa, pero son sus efectos los que nos dañan.
Nos concentramos tanto en ver lo negativo de una situación molesta, que somos incapaces de darnos cuenta de lo positivo que podemos obtener de ella.
Todo, todo, tiene un lado negativo y uno positivo, de las grandes crisis surgen las grandes oportunidades, pero sin ser extremistas, incluso de las pequeñas contrariedades podemos salir fortalecidos.
No vale la pena perder el tiempo dándole vueltas en nuestra cabeza a ese malestar como un perro siguiéndose la cola en círculos.
¿Para qué?
El mosquito puede seguir ahí eternamente.
Es fácil decirlo, pero mucho más difícil es poner en practica todas esas verdades que sabemos racionalmente, aunque demasiadas veces seamos incapaces de poner en práctica.
¿El diablo vendiendo cruces?
No soy un ángel ni tampoco un demonio, solo trato de visibilizar aquello que todos somos capaces de ver y no lo hacemos.
Al mosquito no es necesario matarlo para encontrar la paz, si prendemos la luz en el recinto de al lado, de seguro se irá.
Las soluciones suelen ser más fáciles de lo que pensamos, a pesar de tratar inconscientemente de complicar siempre las cosas.
Por último, el mosquito es bastante más pequeño que un vampiro cinematográfico y no me puede dañar.
Buenas noches.
 

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