Limbo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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De vez en cuando caigo en el limbo de la nada; un espacio blanco, silencioso, neutro, un éter insípido, en el fondo, la nada de la nada y la cosa ninguna. Es un espacio engañoso capaz de seducir con un aparentemente estado de bienestar. Es en esencia peligroso por ser capaz de provocar el nefasto estado de perpetuar la nada. Algo así como la onda plana de un electrocardiograma al momento de perecer. El no hacer nada para estar en la nada.
No es un juego de palabras, es la triste realidad de muchos, seducidos por este falso estado de bienestar. Es cierto, no existen ni los problemas, ni el sufrimiento, ni el dolor, pero en contra parte, tampoco existen ni los desafíos, ni los logros, ni mucho menos las alegrías o las euforias.
¿Un bienestar exento de desafíos?
¿La nada?
¡Para nada!
Siempre pueden existir alternativas como para romper la inercia plana de estatismo absoluto, el desafío está en cómo encontrarlas.
Las manoseadas musas quizás no nos quieran acompañar por considerarse vejadas en su integridad física, por lo que somos nosotros quienes debemos buscar el cómo. No es fácil, nunca ha sido ni será fácil, son pocos entre miles de millones quienes tienen el don y son los mismos quienes tienen un lado B despreciado incluso por ellos mismos. El desafío está entonces en cómo manejarse en el vaivén de la vida, sin aspirar a ninguno de sus extremos. Me corrijo, de vez en cuando, tocar los extremos de nuestra curva vital nos hace bien, tocar fondo para darnos cuenta de lo soberbios que hemos sido en nuestros momentos de logros y tomar con humildad nuestras conquistas ya que el otro extremo de las posibilidades siempre estará ahí.
En la antigua roma, cuando un general obtenía algún triunfo en batalla, era recibido por el cesar. Al presentarse frente a él, llevaba una corona de laurel sobre la cabeza. No la llevaba puesta, sino que un sirviente se la sostenía a un par de centímetros de tocar su cabeza, esto, simbolizando la gloria por la cual estaba pasando pero que fácilmente podría perder.
Esto que escribo, no es más que un intento por tratar de encontrar una ruta de salida de este estado plano, estado de monotonía en el cual creo encontrarme desde hace algunos días. Lo confieso desvergonsadamente; la rutina me estaba fagocitando de manera inclemente, esto sin que yo ni siquiera me diese cuenta.
Ya empecé a gatear y estoy convencido de que a corto plazo podré correr de nuevo, claro que estoy consciente del hecho de que, si obtengo algún logro, la corona de laurel siempre puede caer.
Así como el mayor desafío para un pintor es el enfrentarse a una tela blanca donde deberá plasmar su sentir utilizando las armas de toda su imaginación para terminar con la virginidad desafiante del soporte, todos nosotros, sin excepción, los simples mortales, debemos enfrentarnos día a día al desafío máximo de hacer de nuestras vidas lo mejor que nuestro potencial nos permita usando el arma más efectiva de todas; la voluntad.
Encontraremos algunos fracasos que sin duda serán borrados por nuestros logros.
No al limbo de la nada que nada aporta.
¿Es complicado?
¡Para nada!
 

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