Pirotecnia verbal

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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En su intervención habló tan, tan bonito. Su alocución no tuvo ningún momento débil o dubitativo. Usó palabras precisas en los momentos adecuados, verbos complicados y adjetivos sencillos. Gesticuló de manera magistral para reafirmar lo dicho y su mirada cautivó a la audiencia. En todo momento supo llevar el ritmo preciso, las inflexiones de voz y los silencios.
Parecía el más virtuoso de los músicos interpretando una sinfonía magistral.
Después de su última afirmación, todos quienes lo escuchamos, nos levantamos de nuestros asientos para aplaudir rabiosamente bajo el hipnótico mensaje de tan brillante orador.
Pero ¿Qué dijo?
Confieso que los tratados de filosofía me son bastante áridos de comprender, pero sinceramente, el supuesto tema a debatir, no tenía nada de complicado.
El envoltorio de su discurso fue perfecto, aunque el contenido fue magro, eso si algo de contenido existió. Por más que pienso y repaso mentalmente los pasajes de su lograda intervención, no encuentro ninguna idea fuerza que me permita meditar sobre su postura, ni para compartirla, ni para rebatirla. La pirotecnia verbal utilizada por él, se parecía mucho a los envases de yogurts infantiles con personajes de dibujos animados vendiendo azúcar para futuros diabéticos o la cajita feliz del payaso con grasa a la vena para los adultos del mañana con índices de colesterol por las nubes.
Me quedé con la imagen de esas lindas manzanas en el supermercado tildadas de "saldos de exportación"; todas del mismo tamaño, de colores brillantes bajo la luz adecuada, incluso con un auto adhesivo como garantía de su calidad irrefutable. Manzanas preciosas a la vista, pero insípidas al paladar, con gusto a nada.
La pirotecnia verbal fue hipnotizante a la vez que engañadora pues todos creímos estar asistiendo a una magnifica declaración de principios a partir de los cuales el futuro de la humanidad cambiaría, por supuesto que para mejorar radicalmente.
Hubiese querido terminar la sesión con miles de preguntas inquietando mi conciencia, pero lamentablemente solo persiste una sola pregunta; ¿qué quiso decir? eso si de verdad quiso decir algo.
El lenguaje es de suma importancia al momento de comunicarnos efectivamente, pero para que exista una verdadera comunicación útil para las partes, no solo necesitamos de un envase atrayente, sino de un contenido mínimamente interesante. La decoración puede ayudarnos a atraer la atención de los oyentes, pero desde mi punto de vista, muchísimo mas importante es la idea que se quiera transmitir.
He escuchado a personas de precaria educación capaces de entregar verdaderas lecciones de vida y por otro lado, a cultísimas profesionales con varios diplomados y doctorados a cuesta, expertos en su experticia, con discursos humanamente vacíos al sacarlos de su área especifica de conocimiento.
Salvo en el canto donde la voz puede llegar a transformarse en un instrumento más de la pieza musical en ejecución, donde incluso las palabras pueden perder importancia en relación a su sonido, en el acto comunicativo no solo el significado individual sino la combinación de los significados es fundamental.
La pirotecnia es genial para ensalzar algunas fiestas, pero la fiesta de la palabra debe tener argumentos sólidos y sobre todo coherentes para fortalecer el mensaje.
Viva la pirotecnia del 31 de diciembre, el resto del año, comuniquémonos.
 

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