Limonero enfermo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
Imprimir

Me llegó el viejazo. Comencé a recordar muchas de las cosas que de niño me parecían insignificantes pero que hoy encuentro de un romanticismo extremo, y cuando digo romanticismo, no necesariamente me estoy refiriendo a un amor de pareja, sino a esas cosas sencillas que van consolidando afectos con personas y con espacios físico temporales.
A la entrada de la casa de mis abuelos, españoles de tomo y lomo, había un limonero, pequeño pero cundidor. Gracias a él, jamás faltó el aliño necesario para una buena ensalada. Solo un par de veces vi hormigas en su tronco, hasta que mi abuelo, un gran hombre no solo como persona, sino que, como volumen físico y sobre todo, volumen de voz, me enseñó el secreto. Para que un cítrico estuviese siempre sano, libre de insectos y diese muchos limones, era necesario mantenerlo con urea. Frase que remató con una carcajada que seguramente se escuchó a una distancia considerable. Distancia al menos temporal porque de vez en cuando me parece escucharla. Ante mi cara infantil de interrogación, me aclaró que el por las noches, en vez de ir al baño, salía a controlar a las hormigas con su orina. Desde ese día y hasta que el pudor adolescente me lo impidió, cada vez que visitaba a mis abuelos, cooperaba con el control de hormigas en cuanto llegaba a su casa, incluso algunas veces me aguantaba las ganas hasta llegar para cooperar significativamente.
Digo todo esto porque este fin de semana vi el limonero plantado en mi jardín con apenas dos o tres flores presagiando una pobre producción. Es que está un poco lejos de mi cama y por las noches me da flojera visitarlo, aunque inmediatamente me acorde de mis abuelos y no solo del limonero siempre cargado, sino de los membrillos, los olivos e incluso las gallinas.
El remover la tierra para que las gallinas pudiesen alimentarse de gusanos, no necesitaba baterías ni conexión a internet.
A medida que avanzo en la escritura vienen a mi presente el entretecho polvoriento usado como bodega de olvido donde encontré más de algún tesoro que en ese momento no supe valorar, cosa de la cual me arrepiento. Una máquina de madera y metal para hacer helados artesanales, una cantidad significativa de sacapuntas casi al nivel de una colección, tornillos, tuercas, clavos, trozos de madera, elementos con los cuales echar a volar la imaginación y construir naves espaciales, pistolas, una infinidad de máquinas inservibles, inservibles para un adulto, todo poderosas para un niño.
Olivas del jardín, choricillo español, mermelada de membrillo hecha por mi abuela, gallinas, gusanos, Chevrolet 51, máquina para hacer helados, el limonero…
El cumulo de recuerdos se transforma en nuestra bitácora vital capaz de impulsarnos a repetir acciones que nos fueron tan normales pero que resuenan positivamente en nuestra memoria.
Dadas las medidas contemporáneas de los terrenos urbanos, me tendré que olvidar de las gallinas, pero estoy decidido a repetir algunas de las cosas que viví para, idealmente, transformar esas acciones en gratos recuerdos para quienes me sucedan.
Aviso de utilidad pública: Hormigas del limonero ¡Cuídense!
 

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 (2) 2 37 20 12
+57 315 542 73 66

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.