Las mujeres tienen mucho que contarnos

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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Hemos intentado adivinar qué llevó a María Elena Vindel, actriz y presentadora de televisión hondureña a bautizar el evento de narración oral que decidió emprender en su país y cuya primera versión fue recién clausurada en el pasado mes de noviembre, con el sugestivo nombre de “I encuentro de narración oral las lobas”, porque la sola mención de la palabra loba nos remite a una situación de riesgo y difícilmente nos hace imaginar una de convivencia, tal como suelen ser las diseñadas para contar o escuchar historias.

No hemos querido pasar de largo por esta inquietud, porque estamos convencidos de la fuerza social e ideológica de la palabra, y de las cuentas que todo ser humano mantiene guardadas en el subconsciente, relacionadas con su circunstancia social, y para cuya puesta en escena no desprecia oportunidad.
La narración oral es una actividad cuya proliferación se advierte con empuje en todo el ámbito latinoamericano, en unos países más que en otros, y dicha proliferación, se nos antoja pensar, es la respuesta de una sociedad cuya necesidad de expresarse es cada vez mayor, pues aunque en nuestro continente se habla todo el tiempo, la ausencia de mensaje es cada vez mayor, por la pérdida de valor social de la palabra, pues el acto de hablar es más una acción de intermediación que de cohesión.
Para muchos, la proliferación de narradores orales en nuestro continente puede ocurrir por el deseo de replicar una actividad en ascenso, o por sustitución de otras actividades que le son parientes, pero no podemos dejar de lado considerar la necesidad de recrear la circunstancia social a través de este oficio denominado por unos narración oral y por otros cuenta cuentos y contadores de historias.
Cuando la palabra es solo un vehículo de intermediación, la disolución de los elementos garantes del desarrollo social del individuo se da cada vez con mayor énfasis, debido a la dictadura de la inmediatez, cuyo principal objetivo es borrar en toda sociedad los antecedentes culturales, siempre tan fundamentales para la cohesión social. Es la razón por la cual el mayor ingrediente del discurso es la liviandad y el humor fácil.
Pero en estas dificultades para la cohesión, impuestas por la ausencia de valor social en la palabra, también debe tenerse en cuenta el silencio, obligado por situaciones concretas de agresión dirigida a grupos de personas en permanente riesgo. Este es el caso de nuestro concierto latinoamericano en cuyo espacio social la libertad de expresión es una ilusión, cuya conversión en realidad pretenden quienes han decidido abrir espacios en nuestros países para unir a la gente a través del relato, porque, como venimos diciendo hace mucho tiempo: a través del relato tradicional encontramos la historia oculta de la sociedad.
Las estadísticas registran a Honduras como el país en América Latina con el mayor índice de feminicidios, y quizás es esa la historia que la gestora del evento de narración oral “las lobas cuentan” quiere poner en evidencia, invitando a las contadoras de historias de América a contar la historia femenina del continente.
Si es esa la razón que llevó a María Elena Vindel a crear un espacio para darle fuerza a la expresión oral femenina del continente, sin lugar a dudas ese espacio se ensanchará muy pronto, porque en América Latina las mujeres tienen mucho que contarnos.
 

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