Contar en Pirque

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Mi querida colega y amiga pircana Loreto Russ Fuentes me invitó a ser parte del encuentro “Cuentos Bajo el Parrón”, su tercera versión. Como es natural, el lugar protagonista de las narraciones sería la hermosa localidad de Pirque, sitio denominado como la Cuna del Guitarrón Chileno. Es un gusto ver como ha crecido este evento en tan solo tres años, con una organización muy dedicada en la que participan también Luz Maulén e Iván Olivares, de la Biblioteca Pública de Pirque.
Además, en este año se integraron un gran número de auspiciadores y se hicieron notar nuevas alianzas que permitieron que el alcance de este festival se hiciera mayor tanto en el número de narradores y de funciones, como en las comunas donde fue y será realizado. Aún están pendientes las contadas en Chillán, las que tendrán lugar a fines de esta semana y de las cuales les compartiré noticias a la brevedad.
Pirque y Cajón del Maipo han disfrutado de historias para público infantil, adulto y familiar, además del lanzamiento del libro “Las Mentiras de Don Belisario Piña”, donde tuve el honor de acompañar la velada con mi guitarrón chileno, versos y melodías de propia autoría.
Y es aquí donde adquiere sentido el título de la columna de esta semana.
Pirque, con sus poetas populares, con el Guitarrón Chileno, con sus viñedos, con sus costumbres, con su campo, con sus payadores, con su gente, con su única y particular forma de relacionarse con el tiempo, es un sitial sin comparación.
Contar, por tanto, en tales condiciones, es un desafío hermoso, pero que requiere de gran respeto y preparación. En Pirque la mayoría de los campesinos tienen habilidad para la copla, para el romancero, para la décima y el verso.
Y, aunque confiesen no poseer un repertorio amplio o espeten no poseer una voz privilegiada para el canto, brota desde sus bocas la más pura tradición.
Familias como los Rubio, los Reyes, los Ulloa, los Pino, los Riveros, (por nombrar algunas de las más reconocidas) habitan esta comuna hace varias generaciones, las mismas que, aún hoy, mantienen estas centenarias tradiciones de un u otro modo.
Aventurarse a cantar un verso ante un público que tiene un oído educadísimo para el octosílabo y sus variantes puede ser una vertiente inmensa de aprendizaje, si se le mira en forma optimista, o puede también transformarse en algo para olvidar si no se tiene la suficiente estoicidad para recibir críticas.
En un lugar donde aún se recuerda con cariño y son referentes cultores de fuste como Juan de Dios Reyes, Lázaro Salgado (primo del anterior y uno de los mejores payadores de las décadas del sesenta y setenta), Joaquín Cantillana, Arturo Vera, Octavio Mirando, Manuel Saavedra, Osvaldo “Chosto” Ulloa, Santos Rubio e Isaías Ángulo (informante de doña Violeta Parra) y donde en la actualidad existen cultores de renombre como Alfonso Rubio, Javier Riveros, “Pelao” Ulloa, Juan Domingo Pérez y otros tantos alumnos y aprendices promisorios; la tarea de cantar, la labor de contar y/o de referir versos no debe ser mirada en menos.
Para alguien como yo, respetuoso de los ancestros, los maestros del pasado, del presente y del futuro, poner una guitarra o un guitarrón en mis manos y una cueca o algunos pies de verso en mi voz es faena delicada.
El aire de Pirque huele a tradición y en cada rincón está el inmaculado trabajo de cultores de otras generaciones, con estos insumos cualquier interpretación alejada de la búsqueda de la perfección, del estudio con completa entrega y pasión, dará por resultado algo alejado de la raíz, distante a la cosmovisión profunda del cultor natural.
Contar en Pirque me resulta, casi siempre, un desafío mayor. Suelo prepararme con gran ahínco para cualquier presentación, aún cuando sé que fruto del cariño que me tienen sus vecinos y del conocimiento y ensayo que pongo como respaldo a mi ejercicio debieran las cosas ser más simples, me lo tomo muy en serio.
Soy consciente de que Pirque es la capital, real y verdadera de mucho de nuestro folclore, de nuestro canto y poesía populares.
Contar en Pirque es intenso, es una recompensa, es un premio por haber sido, en primera instancia, invitado.
Por eso agradezco lo que aprendo recorriendo la Biblioteca, sus viñas, sus escuelas, y como no, el que uno de sus más grandes cultores, Alfonso Rubio Morales, me haya escogido como su aprendiz.
Espero dar el ancho en cada edición de “Cuentos Bajo el Parrón”, ir creciendo junto con el evento e irme llenando del espíritu de la sabiduría popular.
Gracias Pirque por dejarme contar en Pirque.
 

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